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El trastorno de despersonalización es un trastorno disociativo en el que la persona experimenta una sensación persistente o recurrente de desconexión de sí misma, como si observara sus pensamientos, emociones o cuerpo desde el exterior. Estas experiencias pueden coexistir con la desrealización, en la que el entorno se percibe como extraño o irreal, aunque la persona mantiene el juicio de realidad.
Sentirse desconectado de uno mismo o percibir el entorno como irreal puede ser una experiencia profundamente angustiante. Cuando estas sensaciones son persistentes e interfieren con la vida cotidiana, podrían corresponder al trastorno de despersonalización, una condición que forma parte de los trastornos disociativos.
Para profundizar en esta temática, conversamos con la Mag. Psic. Mariel Labra, psicóloga Clínica con magíster en Psicología Clínica y experta en Terapia Cognitivo-Conductual para la Depresión y Ansiedad, quien explica cómo reconocer este trastorno y cuáles son las estrategias terapéuticas respaldadas por la evidencia científica.
El trastorno de despersonalización es un trastorno disociativo caracterizado por una sensación de desconexión de uno mismo. Quienes lo experimentan pueden sentir que observan sus propios pensamientos, emociones o cuerpo desde una perspectiva externa, como si fueran espectadores de su propia vida. Aunque estas experiencias suelen generar un importante malestar, la persona conserva el juicio de realidad.
“Lo importante es que, a diferencia de un cuadro psicótico, la persona acá conserva el juicio de realidad, es decir, sabe que sigue siendo ella misma y que el mundo sigue siendo real, aunque no lo sienta así. Esa conciencia de irrealidad es justamente lo que puede generar angustia”, explica la docente.
La despersonalización también puede presentarse de forma aislada como un síntoma transitorio frente a situaciones de estrés intenso, ansiedad, privación de sueño o consumo de sustancias. Sin embargo, cuando estos episodios son persistentes o recurrentes, provocan un deterioro significativo en la vida cotidiana y no se explican por otra condición médica o psiquiátrica, puede tratarse de un trastorno de despersonalización.
Aunque suelen mencionarse juntos, la despersonalización y la desrealización no son lo mismo. Ambos son fenómenos disociativos que implican una sensación de desconexión, pero la diferencia radica en el foco de esa experiencia: mientras la despersonalización afecta la percepción de uno mismo, la desrealización altera la forma en que se percibe el entorno.
“El DSM-5 unificó ambos fenómenos porque clínicamente casi siempre coexisten o se alternan, más que presentarse como cuadros independientes. En la práctica, muchos pacientes describen ambas simultáneamente, aunque una suele ser más prominente que la otra según el momento y la persona”, detalla la especialista.
Las principales diferencias entre ambos fenómenos son:
Los síntomas del trastorno de despersonalización pueden variar en intensidad y frecuencia entre una persona y otra, pero todos comparten una característica en común: generan una sensación persistente de desconexión. En muchos casos, quienes experimentan este trastorno tienen dificultades para describir lo que sienten, por lo que recurren a metáforas para expresar una vivencia que resulta difícil de explicar con palabras.
“Los pacientes suelen usar metáforas muy similares entre sí, lo cual es llamativo clínicamente. Por ejemplo, algunas narrativas son: ‘siento que estoy en una película’, ‘como si viviera detrás de un vidrio o una niebla’, ‘me muevo en automático, como un robot’, ‘no reconozco mi propia voz cuando hablo'”, detalla la docente.
Los síntomas emocionales del trastorno suelen estar marcados por una profunda sensación de extrañeza hacia uno mismo. Las personas pueden sentir que han perdido la conexión con sus emociones o que estas se perciben apagadas, distantes o difíciles de reconocer.
Entre las manifestaciones emocionales más frecuentes se encuentran:
“Los síntomas habitualmente generan angustia y, cuando son severos, pueden volverse profundamente intolerables para la persona. Es común que se sumen comorbilidades como ansiedad, depresión, trastorno de estrés post traumático (TEPT) y algunos pacientes temen sobre su salud física o cerebral a propósito de la falta de comprensión de estos fenómenos”, explica la psicóloga.
La intensidad de estos síntomas puede variar con el tiempo y, en algunos casos, aumentar durante periodos de estrés o ansiedad.
El trastorno de despersonalización también puede afectar la forma en que las personas perciben sus pensamientos y procesos mentales. Algunas describen una sensación de desconexión respecto de su propia mente, como si sus ideas ocurrieran de manera automática o pertenecieran a otra persona. Esta experiencia puede generar confusión y temor.
Entre los síntomas cognitivos más frecuentes se encuentran:
Si bien el trastorno de despersonalización no produce síntomas físicos específicos, muchas personas experimentan manifestaciones corporales asociadas, especialmente cuando la condición coexiste con trastornos de ansiedad o aparece tras una situación altamente estresante. Estas sensaciones pueden aumentar la preocupación por la salud y reforzar el malestar que genera el trastorno.
Entre los síntomas físicos que pueden presentarse se encuentran:
“Muchas veces los pacientes refieren ‘miedo a estar volviéndose locos’ o ‘miedo a perder el control’. Entonces psicoeducar implica entregarle información clara al paciente respecto a que esto no significa ‘locura’ ni daño permanente, eso baja mucho la ansiedad secundaria que puede retroalimentar el cuadro”, agrega Mg. Ps. Mariel Labra.
Es importante considerar que estos síntomas no significan necesariamente la presencia de una enfermedad neurológica o un daño cerebral. Sin embargo, debido a que pueden presentarse junto con otras condiciones médicas o psiquiátricas, es fundamental realizar una evaluación clínica que permita identificar su origen e indicar el tratamiento más adecuado.
Hasta el momento, no existe una causa única que explique el desarrollo del trastorno de despersonalización. La evidencia indica que se trata de una condición de origen multifactorial, en la que interactúan factores biológicos, psicológicos y ambientales. Además, suele presentarse junto a otros trastornos de salud mental, por lo que cada caso requiere una evaluación individual.
“Dentro de los factores de riesgo para estas experiencias, uno de los que cuenta con más consistencia es la experiencia traumática. Muchas personas con antecedentes de trauma o experiencias adversas como abuso sexual, maltrato, exposición a muerte o suicidio, entre otros, desarrollan este problema de salud mental”, explica la especialista.
Conocer estos factores no significa que una persona desarrollará el trastorno, sino que algunos elementos pueden aumentar la vulnerabilidad a presentar síntomas de despersonalización y desrealización.
Las investigaciones sugieren que podrían existir alteraciones en el funcionamiento y la conectividad de algunas áreas cerebrales involucradas en la regulación emocional, la percepción del propio cuerpo y el procesamiento de la información. Sin embargo, aún no se ha identificado un marcador biológico específico que explique por sí solo el desarrollo del trastorno.
La despersonalización suele aparecer con mayor frecuencia en personas que presentan otros trastornos de salud mental, especialmente trastornos de ansiedad, depresión o trastorno de pánico. En estos casos, la sensación de desconexión puede surgir como una respuesta frente a niveles elevados de estrés o angustia emocional.
Las experiencias traumáticas constituyen uno de los factores más consistentemente asociados al trastorno de despersonalización. Ante eventos altamente estresantes o amenazantes, la disociación puede funcionar como un mecanismo de protección psicológica que ayuda a disminuir el impacto emocional del momento.
Existen diversos factores que pueden aumentar la probabilidad de desarrollar el trastorno de despersonalización, entre ellos:
El tratamiento del trastorno de despersonalización busca disminuir la frecuencia e intensidad de los síntomas, reducir el malestar que generan y mejorar la calidad de vida de quienes lo padecen. Para ello, el abordaje debe adaptarse a las necesidades de cada persona, considerando la presencia de otras condiciones de salud mental, como ansiedad, depresión o trastorno de estrés postraumático.
En la actualidad, la evidencia sugiere que la psicoterapia constituye la principal estrategia terapéutica. Entre las intervenciones con mayor respaldo se encuentran la terapia cognitivo-conductual (TCC), la psicoeducación y, en algunos casos, las terapias centradas en el trauma, especialmente cuando existe un antecedente traumático asociado. Aunque pueden utilizarse medicamentos para tratar trastornos concomitantes, hasta la fecha no existe un fármaco específico aprobado para el tratamiento del trastorno de despersonalización.
Además del tratamiento psicológico, la psicoeducación podría cumplir un rol fundamental para que las personas comprendan lo que les ocurre y reduzcan el temor que suelen generar estos síntomas. Contar con un diagnóstico oportuno y un acompañamiento profesional puede favorecer una mejor evolución clínica y disminuir el impacto del trastorno en la vida cotidiana.
El trastorno de despersonalización es una condición que puede generar un profundo impacto en la vida de quienes la experimentan. Aunque las sensaciones de desconexión con uno mismo o con el entorno suelen ser muy angustiantes, es importante recordar que las personas conservan el juicio de realidad y que existen alternativas terapéuticas para abordar estos síntomas.
Reconocer de manera oportuna las manifestaciones del trastorno, acceder a una evaluación clínica adecuada y recibir un tratamiento basado en evidencia puede favorecer una mejor calidad de vida. Asimismo, comprender que estas experiencias no significan “perder la cordura” contribuye a disminuir el miedo y facilita que las personas busquen ayuda profesional cuando la necesitan.
El trastorno de despersonalización no tiene una causa única. Su aparición se relaciona con la interacción de factores biológicos, psicológicos y ambientales, entre ellos experiencias traumáticas, trastornos de ansiedad, depresión, estrés intenso y consumo de sustancias.
Sí. El tratamiento suele incluir psicoterapia, especialmente terapia cognitivo-conductual, además de psicoeducación y, en algunos casos, terapias centradas en el trauma. Si existen otros trastornos asociados, el profesional también puede indicar tratamiento farmacológico para esas condiciones.
La duración es variable. Algunas personas experimentan episodios breves relacionados con situaciones de estrés, mientras que en el trastorno de despersonalización los síntomas pueden persistir o repetirse durante semanas, meses o incluso más tiempo si no reciben tratamiento.
Sí, algunas personas logran una remisión completa de los síntomas, mientras que otras experimentan una disminución significativa de su frecuencia e intensidad con tratamiento y seguimiento profesional. Un diagnóstico oportuno y un abordaje adecuado favorecen un mejor pronóstico.
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