El TDAH en adultos es una condición del neurodesarrollo que se caracteriza por un patrón persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad que impacta el funcionamiento cotidiano. Según el DSM-V, estos síntomas deben estar presentes desde etapas tempranas del desarrollo y generar interferencia significativa en distintos contextos (American Psychiatric Association, 2013).
En la adultez, el TDAH no se presenta como un cuadro nuevo, sino como la continuidad de un perfil neurocognitivo iniciado en la infancia. Lo que cambia es su expresión: las dificultades suelen vincularse más a la organización, la gestión del tiempo, la regulación emocional y el control de impulsos que a la hiperactividad motora evidente.
Desde una perspectiva clínica actual, el TDAH en adultos se asocia a diferencias en procesos como:
- Atención sostenida.
- Regulación emocional.
- Control inhibitorio.
- Motivación.
- Funciones ejecutivas (planificación, organización y priorización).
Asimismo, algunos enfoques contemporáneos lo comprenden también dentro del marco de la neurodivergencia, reconociendo que este funcionamiento puede implicar desafíos en determinados entornos, pero también asociarse a fortalezas como creatividad, pensamiento divergente e hiperfoco.