El apego ansioso suele manifestarse con mayor intensidad en las relaciones de pareja, especialmente en momentos de conflicto, estrés o desconexión emocional. Estas situaciones activan los temores más profundos relacionados con el abandono y el rechazo, generando reacciones emocionales intensas y, en ocasiones, desproporcionadas.
Mientras que una persona con apego seguro puede afrontar los problemas desde una base de confianza y estabilidad, quien presenta un apego ansioso tiende a experimentar estos eventos como verdaderas emergencias emocionales.
Pensamientos del tipo “si el otro no me responde, me muero” ilustran el nivel de angustia que puede surgir. Esto se traduce en conductas como la búsqueda constante de contacto, necesidad de validación y una urgencia para obtener seguridad emocional.
Esta perspectiva coincide con lo planteado por Garrido-Rojas (2006), quien señala que en el estilo de apego ambivalente se observa un uso más frecuente de estrategias centradas en la búsqueda de proximidad hacia las figuras de apego, acompañadas de hipervigilancia, rumiación y una sobreactivación general del organismo.