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La escucha activa es una forma de comunicación en la que el oyente se involucra de manera consciente para comprender el significado completo de un mensaje, y no solo para percibir los sonidos que lo componen (San Miguel Prieto, 2023). Es, en palabras de Hernández-Calderón y Lesmes-Silva (2018), “una forma de comunicación que transmite ideas claras sin irrumpir al receptor” (p. 84), donde el oyente demuestra con sus acciones cuán atento está durante el diálogo.
Conviene distinguirla de un simple “oír”: oír es un acto pasivo, mientras que escuchar es un proceso activo y consciente de interpretación (San Miguel Prieto, 2023). Por eso la escucha activa tiene dos componentes: uno más visible, formado por las estrategias de escucha propiamente dichas, y otro de naturaleza cognitiva, relacionado con la cognición, que es la comprensión del mensaje (San Miguel Prieto, 2023).
El término “escuchar” proviene del latín auscultāre, formado a partir de “auris” (oreja) y “klei” (inclinarse), lo que ya sugiere una disposición activa del cuerpo hacia quien habla (San Miguel Prieto, 2023).
Como enfoque psicológico, la escucha activa está asociada al pensamiento humanista de Carl Rogers, quien resumía esta idea señalando que no escuchamos solamente con los oídos, sino también con los ojos, la mente, el corazón y la imaginación (Subiela García et al., 2014). Bajo esta perspectiva, escuchar bien exige mucho más que un buen oído: requiere disposición emocional e intelectual hacia la otra persona. Este enfoque se ha extendido a campos muy distintos entre sí, como la educación infantil (San Miguel Prieto, 2023), la enfermería y la atención sanitaria (Subiela García et al., 2014), y las relaciones interpersonales en general (Hernández-Calderón y Lesmes-Silva, 2018).
Una persona que escucha activamente no solo atiende al contenido del mensaje, sino también a cómo se dice: el tono, los gestos y la postura de quien habla (Subiela García et al., 2014). San Miguel Prieto (2023) resume las características que definen esta habilidad: actitud empática, concentración en el discurso, silencio y respeto hacia quien habla, interés genuino por lo escuchado, imparcialidad, y la capacidad de captar tanto la información verbal como la no verbal.
Fisiológicamente, escuchar de forma activa involucra a ambos hemisferios cerebrales: uno se encarga de interpretar y dar significado al discurso, mientras que el otro sigue su estructura sintáctica y gramatical para evitar confusiones sobre lo que se quiso decir (San Miguel Prieto, 2023).
Escuchar activamente no es una actitud pasiva, sino un conjunto de técnicas concretas que se pueden entrenar y aplicar de manera deliberada en cualquier conversación (Subiela García et al., 2014; Hernández-Calderón y Lesmes-Silva, 2018). A continuación se detallan las principales.
Consiste en resumir y confirmar con las propias palabras lo que la otra persona acaba de expresar, para verificar que se ha comprendido correctamente el mensaje (Subiela García et al., 2014). Frases como “entonces, lo que me dices es que…” cumplen esta función y le demuestran al interlocutor que su mensaje fue recibido.
Preguntar cuanto sea necesario no solo demuestra que se está escuchando, sino que ayuda a la otra persona a desarrollar sus puntos de vista con mayor amplitud (Subiela García et al., 2014). Frases breves como “cuéntame más” cumplen la función de invitar a profundizar sin interrumpir el flujo del discurso.
Mirar a los ojos, adoptar una postura abierta y usar gestos afirmativos con la cabeza son señales que demuestran disposición a escuchar (Subiela García et al., 2014; Hernández-Calderón y Lesmes-Silva, 2018). Estas señales no verbales cumplen una función tan importante como las palabras, porque le confirman al emisor que su mensaje está siendo recibido con atención.
Implica ponerse en el lugar de quien habla y permitirle expresar sus sentimientos, expectativas y preocupaciones sin interrumpirlo ni sacar conclusiones anticipadas (Subiela García et al., 2014). También supone dominar las propias emociones, ya que una persona alterada tiende a malinterpretar lo que escucha (Subiela García et al., 2014).
No toda escucha es igual de profunda: existen distintos niveles de escucha según el grado de atención e implicación del oyente, que van desde la más superficial hasta la más comprometida (Hernández-Calderón y Lesmes-Silva, 2018).
| Tipo de escucha | Qué implica |
|---|---|
| Apreciativa | Se escucha sin prestar atención real, buscando solo placer o entretenimiento. |
| Selectiva | Se atiende únicamente a la información que interesa a quien escucha, ejerciendo una atención selectiva sobre el resto del mensaje. |
| Discernitiva | Se extraen las ideas principales del mensaje. |
| Analítica | Se estudian las relaciones entre las distintas ideas del mensaje. |
| Sintetizada | Se toma la iniciativa dentro de la comunicación. |
| Empática | Se interpreta el mensaje poniéndose en el lugar del emisor. |
| Activa | Se escucha con total atención, comprendiendo el mensaje por completo. |
Como puede verse, la escucha activa es el nivel más completo del proceso: exige comprender el mensaje en su totalidad, algo que los demás niveles solo logran de forma parcial (Hernández-Calderón y Lesmes-Silva, 2018).
En el aula de Educación Infantil, un proyecto basado en la gamificación y la narración oral de cuentos logró que el porcentaje de alumnado que interrumpía durante los relatos bajara del 67 % al 5.5 % tras ocho sesiones de intervención (San Miguel Prieto, 2023). El 100 % de los estudiantes llegó a reconocer las normas básicas de la escucha activa gracias a esta dinámica.
En el ámbito sanitario, la escucha activa se manifiesta de forma distinta según el profesional: mientras la visita médica suele durar entre 5 y 10 minutos, el personal de enfermería mantiene una interacción con el paciente hasta diez veces más frecuente a lo largo del turno, lo que multiplica sus oportunidades de practicar la escucha activa (Subiela García et al., 2014). En ese mismo estudio, más del 66 % de los pacientes hospitalizados encuestados percibió que el personal sanitario mantenía contacto visual, una actitud agradable y comprensión hacia sus dudas.
Porque tiene un efecto medible sobre la convivencia, la salud y las relaciones de trabajo, según el contexto en el que se practique. En el aula, mejora la convivencia y facilita el aprendizaje de contenidos, mientras que su ausencia se traduce en conflictos y en la necesidad de que el docente recurra a medidas disciplinarias (San Miguel Prieto, 2023). En el ámbito sanitario, la escucha activa se relaciona con una mejor percepción de la competencia profesional, mayor satisfacción del paciente, mayor efectividad terapéutica e incluso con la mejora del pronóstico de la enfermedad (Subiela García et al., 2014).
En el terreno de las relaciones interpersonales y laborales, no saber escuchar activamente genera problemas concretos a la hora de negociar, delegar tareas o trabajar en equipo (Hernández-Calderón y Lesmes-Silva, 2018). Esto ocurre, en buena medida, porque cuando no se escucha con atención, la mente tiende a completar los vacíos de información con sus propias suposiciones: una persona alterada, por ejemplo, tiende a malinterpretar sistemáticamente lo que escucha (Subiela García et al., 2014), lo que abre la puerta a sesgos cognitivos que distorsionan el mensaje original y favorecen malentendidos y conflictos innecesarios.
La escucha activa es mucho más que prestar atención: es un proceso consciente que combina estrategias observables con una comprensión genuina del mensaje del otro (Hernández-Calderón y Lesmes-Silva, 2018; San Miguel Prieto, 2023; Subiela García et al., 2014). Se manifiesta de forma distinta según el contexto: en el aula se entrena con dinámicas como la narración de cuentos, en la salud se traduce en mayor satisfacción y mejores resultados clínicos, y en cualquier relación interpersonal previene malentendidos y sesgos en la interpretación del mensaje. Entrenar esta habilidad, en definitiva, mejora tanto la calidad de la comunicación como los vínculos que se construyen a partir de ella.
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