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¿Qué es la procrastinación?

La procrastinación es la tendencia generalizada a aplazar el inicio o la finalización de tareas planificadas para un tiempo determinado, acompañada de malestar subjetivo (Díaz-Morales, 2019). No se trata solo de una cuestión de baja responsabilidad o mala gestión del tiempo: es un verdadero problema de autorregulación a nivel afectivo, conductual y de la cognición (Díaz-Morales, 2019).

Es importante distinguirla de la simple postergación: posponer una tarea para darle prioridad a otra más productiva no constituye procrastinación si no genera malestar psicológico (Díaz-Morales, 2019). Solo cuando el aplazamiento se acompaña de ansiedad, inquietud o abatimiento se habla propiamente de una persona procrastinadora.

Contenido

  1. Origen del término
  2. Causas de la procrastinación
  3. Tipos de procrastinación
  4. Consecuencias de la procrastinación
  5. Ejemplos de procrastinación
  6. ¿Por qué es importante entender la procrastinación?
  7. Conclusión

Origen del término

El término proviene del latín procrastinare, formado por “pro” (hacia adelante) y “cras” o “crastinus” (mañana), es decir, aplazar intencional y habitualmente algo que debería hacerse ya (Atalaya y García, 2019). También se ha vinculado con la palabra griega akrasia, que significa actuar en contra del propio juicio o hacerse daño a uno mismo (Atalaya y García, 2019).

Lejos de ser un fenómeno moderno, la procrastinación ha sido documentada desde hace miles de años: los antiguos egipcios ya usaban un término similar para referirse a la costumbre de evitar el trabajo, y el rey babilonio Hammurabi incluyó plazos límite en sus leyes porque reconocía que las demoras eran perjudiciales (Atalaya y García, 2019). Sin embargo, el matiz negativo que hoy asociamos a la palabra es más reciente: antes de la revolución industrial, aplazar una tarea se veía con neutralidad e incluso como una decisión racional justificada; fue con el auge de los sistemas productivos modernos cuando la procrastinación empezó a interpretarse como una falla personal (Atalaya y García, 2019).

Causas de la procrastinación

No existe una causa única: distintos modelos teóricos explican por qué las personas aplazan tareas que saben que deberían realizar.

Desde el modelo psicodinámico, la procrastinación se entiende como una forma de evitar tareas percibidas como una amenaza para el ego, muchas veces ligada al miedo al fracaso: la persona posterga incluso cuando cuenta con la capacidad, el coeficiente intelectual o la preparación suficientes para tener éxito (Quant y Sánchez, 2012).

El modelo motivacional, por su parte, plantea que el logro depende de factores como la percepción de dificultad de la tarea, los niveles de ansiedad ante la posibilidad de fracasar y, de forma central, la atribución causal que la persona hace sobre sus propios éxitos y fracasos (Quant y Sánchez, 2012). Cuando el miedo al fracaso supera la esperanza de éxito, la persona prefiere aplazar la tarea antes que enfrentarse a un resultado que atribuiría a su propia incapacidad.

A nivel de personalidad, la procrastinación se ha asociado de forma consistente con baja autoestima, baja autoconfianza, alto neuroticismo y baja autodisciplina, así como con mayores tendencias a la depresión, la ansiedad social y la impulsividad disfuncional (Díaz-Morales, 2019). El modelo cognitivo añade que las personas procrastinadoras suelen sostener creencias irracionales sobre su propia incapacidad y experimentan pensamientos obsesivos cuando se acerca el momento de entregar una tarea (Atalaya y García, 2019).

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Tipos de procrastinación

No toda procrastinación responde al mismo mecanismo. Ferrari (1992, tal como se recoge en Díaz-Morales, 2019) diferencia tres modos de procrastinar según su origen: la indecisión, la evitación y la búsqueda de activación.

Tipo Mecanismo central Características
Por indecisión Procesos cognitivos de retraso voluntario. Excusas, autosabotaje, infravaloración del propio self, foco en el pasado negativo.
Por evitación Escape de resultados o situaciones temidas. Acomodación pasiva a lo que otros deciden, poca iniciativa propia.
Por activación Búsqueda de excitación bajo presión. Creencia de que “se trabaja mejor bajo presión”; falsa sensación de control.

Procrastinación por indecisión

Engloba los procesos cognitivos relacionados con el retraso voluntario del inicio o la finalización de una tarea. La persona genera excusas (“me surgió un asunto importante”), conductas de autosabotaje o infravaloraciones de sí misma, y tiende a centrarse en experiencias pasadas negativas (Díaz-Morales, 2019).

Procrastinación por evitación

Se produce porque las personas posponen las cosas para evitar ciertos resultados o situaciones que anticipan como negativas, adoptando una actitud pasiva de acomodación a lo que otros deciden en lugar de tomar el control activo de la tarea (Díaz-Morales, 2019).

Procrastinación por activación

Se basa en la búsqueda de excitación o activación, bajo la creencia de que la tarea puede resolverse en el último momento y que “se trabaja mejor bajo presión”. La investigación muestra que esta creencia suele ser errónea, y que lo que en realidad se experimenta es ansiedad mal etiquetada como emoción positiva (Díaz-Morales, 2019).

Consecuencias de la procrastinación

La procrastinación crónica afecta entre el 10.9 % y el 16.1 % de la población adulta en países como España, Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Perú y Venezuela (Díaz-Morales, 2019). En el ámbito académico, se estima que cerca del 70 % de los estudiantes universitarios procrastina tareas como estudiar, inscribirse a clases o completar lecturas asignadas (Díaz-Morales, 2019).

Las consecuencias van más allá del rendimiento: quienes procrastinan de forma crónica experimentan mayores niveles de estrés que quienes no procrastinan, un patrón que se ha vinculado con problemas de salud como resfriados frecuentes, episodios de insomnio y una peor gestión de las exigencias del entorno laboral, donde el desgaste sostenido puede derivar en agotamiento o burnout (Quant y Sánchez, 2012). Curiosamente, la procrastinación no necesariamente aumenta el número de enfermedades que padece una persona, pero sí la intensidad con la que las experimenta (Quant y Sánchez, 2012).

Ejemplos de procrastinación

Algunos ejemplos concretos, recogidos en los instrumentos de medida más utilizados, ilustran cómo se manifiesta la procrastinación en la vida cotidiana: pagar facturas fuera de plazo, dejar una carta sin enviar varios días después de haberla escrito, o comprar los regalos de cumpleaños en el último momento (Díaz-Morales, 2019). En el terreno académico, es común posponer el estudio para un examen hasta la noche anterior o dejar la entrega de un trabajo para el último día del plazo, incluso cuando la tarea solo requiere sentarse a hacerla (Díaz-Morales, 2019).

¿Por qué es importante entender la procrastinación?

Porque comprender sus causas permite intervenir de forma más efectiva que con recetas genéricas de “gestión del tiempo”. Dado que la procrastinación combina factores cognitivos, afectivos y conductuales, las estrategias de prevención más efectivas combinan varios frentes: talleres de autorregulación emocional, planificación realista del tiempo, y el trabajo sobre las creencias irracionales que sostienen el aplazamiento (Atalaya y García, 2019). Ignorar estas causas y tratar la procrastinación únicamente como un problema de disciplina suele fracasar, precisamente porque no atiende a la raíz cognitiva y emocional del problema.

Conclusión

La procrastinación es mucho más que “dejar las cosas para mañana”: es un problema de autorregulación que combina miedo al fracaso, creencias irracionales sobre la propia capacidad y una tendencia a priorizar el alivio inmediato sobre el beneficio a largo plazo (Atalaya y García, 2019; Díaz-Morales, 2019; Quant y Sánchez, 2012). Sus distintos tipos responden a mecanismos diferentes, lo que explica por qué una misma estrategia no funciona para todo el mundo. Entender qué modelo explica mejor la procrastinación de una persona es el primer paso para intervenir sobre ella, en lugar de limitarse a exigir más fuerza de voluntad.

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