Última actualización:
Tiempo de lectura:6 minutos
La indefensión aprendida es la expectativa de que las propias respuestas no pueden controlar los resultados de una situación, desarrollada después de exponerse repetidamente a un evento adverso que resultó incontrolable (Yela Bernabé y Marcos Malmierca, 1992). En términos más aplicados, se define como la falta de motivación y el fracaso para actuar tras exponerse a un estímulo no placentero, sin que el individuo pueda ejercer control sobre él (Galindo y Ardila, 2012). Lo central del fenómeno no es la adversidad en sí misma, sino la creencia aprendida de que nada de lo que la persona haga cambiará el resultado.
El concepto fue formulado por Martin Seligman a mediados de la década de 1960, a partir de investigaciones experimentales sobre el aprendizaje en las que se observaba pasividad ante estímulos aversivos cuando no existía control sobre ellos (Martínez Cerda y Rosales Piña, 2019). Seligman (1975) propuso originalmente que la indefensión resulta de una expectativa de independencia entre respuesta y resultado (Yela Bernabé y Marcos Malmierca, 1992). Años después, la reformulación del modelo incorporó las atribuciones causales como el elemento que determina cómo se expresa la indefensión en cada persona (Yela Bernabé y Marcos Malmierca, 1992).
La indefensión aprendida se expresa a través de cuatro tipos de déficit. Los tres primeros fueron descritos en la formulación original a partir de estudios con animales; el cuarto se añadió al adaptar el modelo a humanos.
| Tipo de déficit | En qué consiste |
|---|---|
| Motivacional | Dificultad para emitir nuevas respuestas ante la situación. |
| Cognitivo | Dificultad para aprender que las respuestas sí pueden controlar los resultados. |
| Afectivo-emocional | Reacciones de miedo y depresión. |
| Autoestima | Evaluaciones y expectativas negativas sobre el propio desempeño. |
Los cuatro déficits de la indefensión aprendida (Yela Bernabé y Marcos Malmierca, 1992; Martínez Cerda y Rosales Piña, 2019).
La causa estructural es la exposición repetida a un evento aversivo incontrolable, pero lo que determina cómo se generaliza y se mantiene la indefensión es el estilo de atribución causal de la persona frente al fracaso. Cuando alguien atribuye sus fracasos a causas globales, esto influye en cuán generalizados se vuelven los déficits; cuando los atribuye a causas estables, afecta su cronicidad; y cuando los atribuye a causas internas, se inducen además déficits de autoestima y trastornos emocionales (Yela Bernabé y Marcos Malmierca, 1992).
Esto se conecta directamente con el locus de control: en un estudio con población en situación de pobreza, predominaron las atribuciones externas generales —relacionadas con Dios, el destino o la suerte— frente a situaciones percibidas como incontrolables, mientras que los logros positivos sí se atribuían a un locus de control interno (Galindo y Ardila, 2012). Esta combinación de locus de control externo y baja autoeficacia resultó ser un patrón recurrente en las personas con mayores niveles de indefensión.
Uno de los campos donde la indefensión aprendida se observa con más claridad es la violencia, especialmente la de género: las víctimas suelen mostrar una pasividad reiterada frente al escape, y con frecuencia tienen dificultad para salir del estado de desesperanza en el que se encuentran (Martínez Cerda y Rosales Piña, 2019). También aparece en el estudio de la pobreza: las personas que crecen en condiciones de privación prolongada desarrollan patrones de pasividad ante la imposibilidad percibida de cambiar sus condiciones de vida, frecuentemente asociados a una autoeficacia baja o nula (Martínez Cerda y Rosales Piña, 2019; Galindo y Ardila, 2012). En una entrevista cualitativa con personas de bajos ingresos, se observó una posición inmediatista frente a la vida, sin planeación a mediano o largo plazo, y una expectativa generalizada de que, hicieran lo que hicieran, su situación no cambiaría (Galindo y Ardila, 2012). El fenómeno también se ha documentado en el rendimiento académico y deportivo, y en el ámbito laboral (Martínez Cerda y Rosales Piña, 2019).
La indefensión aprendida está estrechamente ligada a la depresión y la ansiedad: la reformulación del modelo dio origen a la teoría de la “desesperanza aprendida”, que describe la etapa posterior a la indefensión, marcada por la expectativa de que las condiciones de incontrolabilidad no cambiarán en el futuro (Martínez Cerda y Rosales Piña, 2019). También se ha relacionado con el trastorno de estrés postraumático y con el trastorno obsesivo compulsivo en contextos de violencia (Martínez Cerda y Rosales Piña, 2019). Respecto al género, existe una mayor tendencia a la indefensión en mujeres en prácticamente todas las áreas estudiadas, lo cual es relevante si se considera que la depresión también se asocia en mayor medida al género femenino (Martínez Cerda y Rosales Piña, 2019).
La evidencia experimental muestra que es posible “inmunizar” a una persona contra la indefensión antes de que esta se instale: quienes tienen una experiencia previa de control sobre una tarea rinden mejor frente a la incontrolabilidad posterior que quienes no la tuvieron (Yela Bernabé y Marcos Malmierca, 1992). Esta inmunización es más eficaz cuando se combina con un reentrenamiento atribucional: enseñar a la persona a atribuir sus fracasos a causas externas y específicas produce el mayor efecto protector contra la indefensión (Yela Bernabé y Marcos Malmierca, 1992).
En la práctica, esto significa trabajar directamente sobre el estilo de atribución causal y sobre el locus de control de la persona. En el estudio con población en pobreza, fortalecer el locus de control interno y la autoeficacia se identificó como una de las variables psicológicas más importantes para la movilidad social positiva, junto con no estar deprimido y estar satisfecho con la propia situación (Galindo y Ardila, 2012).
La indefensión aprendida es la creencia, aprendida a partir de experiencias reales de incontrolabilidad, de que las propias acciones no pueden cambiar un resultado adverso (Yela Bernabé y Marcos Malmierca, 1992). Se expresa en déficits motivacionales, cognitivos, emocionales y de autoestima, y su generalización y cronicidad dependen en gran medida del estilo de atribución causal de cada persona (Yela Bernabé y Marcos Malmierca, 1992; Martínez Cerda y Rosales Piña, 2019). Aparece con fuerza en contextos de violencia y pobreza, y se relaciona estrechamente con la depresión y la ansiedad (Martínez Cerda y Rosales Piña, 2019; Galindo y Ardila, 2012). La buena noticia es que, según la evidencia disponible, puede prevenirse y revertirse fortaleciendo el locus de control interno y reentrenando el estilo atribucional hacia causas externas y específicas.
En Adipa recopilamos una serie de definiciones que pueden servirte para tus jornadas de estudio, clases, ¡lo que quieras! Estos conceptos están definidos según fuentes bibliográficas actualizadas y más utilizadas por los profesionales del área de la salud.
Confirmo que he leído la información sobre este programa, disponible en el brochure y en el sitio web. Declaro cumplir con los requisitos para cursar este diplomado y me comprometo a enviar mi certificado de título, así como a firmar la carta de compromiso solicitada

Notamos que tienes un pago pendiente.
Regularízalo ahora y continúa aprendiendo sin interrupciones.
Recibirás una notificación cuando el curso esté disponible.