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El distrés es la cara negativa del estrés: la respuesta que aparece cuando una persona evalúa un evento como una amenaza que no puede controlar ni afrontar con los recursos que tiene, en oposición al eustrés o estrés positivo (Saavedra, 2023). El término fue introducido en 1976 por el fisiólogo austrohúngaro Hans Selye, dentro de su teoría del Síndrome General de Adaptación, como uno de los dos resultados posibles ante un estresor: un efecto beneficioso (eustrés) o un efecto perjudicial (distrés), con consecuencias fisiológicas y psicológicas negativas (Saavedra, 2023).
En el ámbito clínico, el distrés emocional se define como “un estado marcado por sentimientos subjetivos, que varían en intensidad desde tristeza, inseguridad, confusión y preocupación, hasta la experiencia de síntomas mucho más severos” como ansiedad, depresión, expresión de la cólera, aislamiento social y pérdida de esperanza (Moscoso y Knapp, 2010). También se lo describe como un malestar psicológico no específico: síntomas de ansiedad y depresión que, aunque no configuran un trastorno mental en sí mismos, afectan significativamente el bienestar de la persona (Lorenzón et al., 2022).
Lo que distingue al distrés del eustrés no es el estresor en sí, sino la forma en que la persona lo evalúa y los recursos que percibe tener para enfrentarlo. Según el modelo de evaluación cognitiva, frente a un mismo evento la persona hace una primera valoración y le da un significado positivo (eustrés) o negativo (distrés); si existe un agente estresor, hace una segunda evaluación para enfrentarlo o no, dependiendo de si cuenta con recursos o lo percibe incontrolable (Saavedra, 2023).
| Dimensión | Eustrés | Distrés |
|---|---|---|
| Efecto general | Positivo, beneficioso. | Negativo, perjudicial. |
| Rendimiento cognitivo | Aumenta la estimulación y mejora la tarea. | Disminuye el aprendizaje y la productividad. |
| Percepción del evento | Fuente de oportunidad. | Amenaza. |
| Respuesta ante el evento | Adaptación, motivación. | Evitación, alejamiento. |
| Actividades asociadas | Conocer gente, yoga, meditación. | Trabajos monótonos, hábitos alimenticios inadecuados. |
Comparación entre eustrés y distrés (Saavedra, 2023).
Un evento se convierte en distrés y no en eustrés principalmente cuando la persona percibe que el factor estresante no está bajo su control o que no es capaz de solucionarlo, es decir, cuando predomina un locus de control externo frente a la situación. De hecho, el locus de control interno figura entre los principales factores protectores frente al distrés, junto con la autoeficacia, el apoyo social recibido y la tolerancia a la ambigüedad; en el extremo opuesto, factores como el consumo de sustancias, las frustraciones repetidas y la enfermedad actúan como generadores directos de distrés (Saavedra, 2023).
Otras características que determinan si un evento genera distrés son la novedad e imprevisibilidad del acontecimiento, la incertidumbre ante una situación nueva, la anticipación de escenarios negativos, la ambigüedad de la situación y la duración del propio estresor (Saavedra, 2023). En el terreno laboral, el incremento de las demandas del puesto, la alta tensión ocupacional y la poca autonomía se asocian directamente con mayores niveles de distrés, mientras que una alta capacidad de control sobre el propio trabajo y el apoyo social favorecen el eustrés (Saavedra, 2023).
El distrés no se manifiesta de una sola forma: se expresa tanto en el plano psicológico y emocional como en el plano físico, y ambos niveles suelen retroalimentarse. Mientras que los síntomas emocionales incluyen desde la simple preocupación hasta cuadros de ansiedad y desesperanza (Moscoso y Knapp, 2010), el cuerpo también registra el desgaste del distrés sostenido, con alteraciones que van desde la memoria hasta el sistema hormonal (Saavedra, 2023). Reconocer ambos tipos de señales es clave para intervenir antes de que el distrés se cronifique.
El distrés se manifiesta con tristeza, inseguridad, confusión, preocupación y, en su forma más severa, ansiedad, depresión y desesperanza (Moscoso y Knapp, 2010). También se relaciona con un escaso control de las propias emociones y con sesgos de pensamiento negativos (Saavedra, 2023). Una de las formas más frecuentes en que se sostiene el distrés en el tiempo es la rumiación mental: dar vueltas de manera repetitiva a los mismos pensamientos negativos, lo que termina generando cansancio mental, agotamiento y desequilibrio físico (Saavedra, 2023). Por eso, la capacidad de afrontar las rumiaciones mentales es una de las estrategias que se ha vinculado con menores niveles de distrés (Saavedra, 2023).
A nivel físico, el estrés crónico se ha asociado con alteraciones en la memoria operativa y pérdida de neuroglias en el hipocampo, además de mayor prevalencia de obesidad por la afectación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (Saavedra, 2023). En el contexto de pacientes con enfermedades graves, el distrés emocional convive también con síntomas de expresión de la cólera o ira, que suelen pasar desapercibidos frente a la ansiedad y la depresión, pero que forman parte del mismo cuadro (Moscoso y Knapp, 2010).
Cuando el distrés se cronifica, una de sus consecuencias más documentadas es el riesgo de desarrollar el síndrome de burnout (Saavedra, 2023): el burnout y el distrés comparten el mismo terreno de desgaste físico, mental y conductual sostenido en el tiempo. En el ámbito académico y laboral, el distrés se ha relacionado con sobrecarga, baja satisfacción y bajo rendimiento (Saavedra, 2023).
La magnitud del problema varía según la población y el contexto evaluado. En pacientes con cáncer, entre el 29% y el 47% experimenta niveles elevados de distrés emocional al recibir el diagnóstico, cifra que puede llegar a la mitad de todos los pacientes diagnosticados en Estados Unidos (Moscoso y Knapp, 2010). En una muestra de jóvenes deportistas de Buenos Aires evaluados con la escala de malestar psicológico de Kessler (K-10), un 22.3% presentó niveles significativos de malestar psicológico, y quienes reportaban mayor capacidad de control sobre el estrés y menor influencia de la evaluación externa en su rendimiento mostraron, de forma consistente, menores niveles de distrés (Lorenzón et al., 2022).
Dado que el distrés surge de la percepción de falta de control, fortalecer el control percibido sobre la situación es una de las estrategias más efectivas para reducirlo: la evidencia en deportistas muestra que quienes tienen mayor capacidad de controlar el estrés reportan sistemáticamente menos malestar psicológico (Lorenzón et al., 2022). En la misma línea, técnicas como la respiración diafragmática y la estimulación térmica han demostrado reducir la actividad del sistema nervioso simpático asociada al estrés crónico (Saavedra, 2023).
La serenidad, entendida como una estrategia de afrontamiento basada en la autorregulación emocional, la reflexión y la atención, favorece el eustrés por sobre el distrés (Saavedra, 2023). Los modelos de terapia de aceptación y compromiso, por su parte, buscan reducir la propagación del distrés mediante la aceptación emocional y la clarificación de valores personales (Saavedra, 2023). En el terreno clínico, contar con instrumentos de evaluación breves y validados permite identificar a tiempo a las personas en mayor riesgo e intervenir antes de que el distrés se cronifique (Moscoso y Knapp, 2010).
El distrés es la forma negativa del estrés: aparece cuando una persona percibe que un evento la desborda y escapa a su control, y se diferencia del eustrés en el efecto que produce sobre el bienestar y el rendimiento (Saavedra, 2023). Fortalecer el locus de control interno, aprender a manejar la rumiación mental y contar con apoyo social son, según la evidencia disponible, algunas de las estrategias más efectivas para prevenirlo; dejarlo sin abordar, en cambio, incrementa el riesgo de burnout y de complicaciones físicas y emocionales más severas (Lorenzón et al., 2022; Moscoso y Knapp, 2010; Saavedra, 2023).
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