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El duelo perinatal es un área de creciente atención dentro de la psicología clínica, pero sigue siendo poco visibilizada frente a otros tipos de duelo. Para los profesionales de salud mental que trabajan en contextos de salud reproductiva, ginecología o neonatología, contar con criterios claros para reconocerlo, evaluarlo e intervenir es cada vez más relevante en la práctica.
Cuando un embarazo se interrumpe o un bebé muere antes, durante o después del parto, ocurre algo que la sociedad todavía no sabe nombrar: en ciertos estándares socioculturales, es aún una pérdida que desafía el orden natural de la vida y carece de reconocimiento. Es algo que incomoda, que tiende a minimizarse, un dolor que se intenta evitar. Pero sí hay un vínculo afectivo real, un proyecto, una ilusión y una historia que se rompen de forma abrupta, que se pierden. Y eso también necesita ser duelado. Identificarlo, conocerlo, es indispensable para cualquier psicólogo que trabaje en salud mental perinatal, reproductiva, ginecología, neonatología o consulta general. En este artículo revisamos qué dice la evidencia actual sobre el tema, para su desarrollo, se entrevistó a la psicóloga Irina Szkolnik, especialista en reproducción asistida y psicología perinatal, con amplia experiencia clínica y académica en el acompañamiento de familias que atraviesan pérdidas reproductivas.
El duelo perinatal es la respuesta emocional, física, cognitiva y conductual que experimentan las personas y su entorno ante la muerte de un bebé durante etapas avanzadas del embarazo, el parto o los primeros días de vida. No se trata de una reacción desmedida ni de un problema que haya que “superar rápido”: es un proceso de readaptación e integración frente a una pérdida significativa, tan válido como cualquier otro duelo, según coinciden la literatura clínica y quienes trabajan a diario con estas familias (Cortés-Cataldo et al., 2025). En palabras de la psicóloga Szkolnik:
“No importa cuándo ocurre la pérdida, en qué etapa del embarazo, sino el vínculo que esas madres, padres o entorno afectivo hayan construido con ese bebé, y el significado que tenga para esa familia. El dolor emocional y la intensidad del duelo no se miden por las semanas de gestación sino por el valor y el espacio afectivo que el bebé ya ocupaba en la vida de ellos.”
No, aunque suelen confundirse. El duelo gestacional ocurre al inicio o durante las primeras semanas y meses del embarazo, frecuentemente por un aborto espontáneo o temprano, muchas veces antes de que los futuros padres hayan visto una ecografía o escuchado los primeros latidos. El duelo perinatal, en cambio, sucede en la etapa final del embarazo, durante el parto o en los primeros días de vida del recién nacido. Así lo explicó la entrevistada:
“No son lo mismo desde el punto de vista médico o clínico. En la práctica psicológica, social se suelen utilizar juntos ya que comparten algunas respuestas emocionales y abordajes terapéuticos. Lo que cambia principalmente ahí sería el momento donde ocurre la interrupción del embarazo, la muerte fetal intrauterina, intraparto o neonatal”.
Aunque también aclaró y remarcó que esa diferencia conceptual no implica una diferencia respecto a la legitimidad del duelo.
“Las sociedades tienden a jerarquizar este tipo de dolor basándose en la visibilidad, el tiempo, los recuerdos, la sustitución. Es importante hablar de esto, ya que estas miradas pueden implicar la represión, interrupción o detención del proceso de duelo, volviendolo una experiencia disfuncional o incluso un riesgo para la salud mental”
Clínicamente, se habla de duelo perinatal cuando la muerte del bebé ocurre entre las semanas más avanzadas de la gestación, habitualmente desde la semana 20-28, según el criterio de cada país y los primeros 28 días de vida, lo que incluye la muerte fetal tardía y la muerte neonatal (Tejero Vidal & Barea Millán, 2023). Este marco temporal es útil para la práctica clínica, pero, como advierte Szkolnik, no debería usarse para jerarquizar qué duelos “cuentan” más que otros.
El duelo perinatal puede atravesar algunas de las fases clásicas descritas por la literatura general sobre el duelo, pero no lo hace de forma lineal ni predecible. Tiene su estructura particular. Una familia puede pasar semanas en shock, estado de desorganización, saltar directo a la negociación y volver al enojo meses después, sin ningún orden aparente.
El modelo clásico, descrito originalmente por John Bowlby y Colin Murray Parkes para el duelo en general, identifica cuatro fases:
Más allá del modelo clásico, buena parte de los especialistas en psicología perinatal prefiere trabajar con el modelo de tareas de J. William Worden o con adaptaciones pensadas específicamente para el trauma perinatal, que permiten reconocer con más precisión las particularidades de este tipo de pérdida:
Lo importante en consulta no es memorizar el orden de estas fases, sino abandonar la expectativa de que existe un orden. Como explicó Szkolnik, “la elaboración del duelo no es un camino lineal, no es paso uno, paso dos, paso tres, seguir una secuencia y listo”; se trata de procesos “dinámicos, singulares e irrepetibles”, donde algunas etapas no aparecen nunca y otras se repiten varias veces.
Esto tiene una consecuencia práctica directa: el rol del psicólogo no es guiar a la familia hacia “la siguiente fase”, sino ir construyendo junto con ella un proceso propio, una narrativa personal de integración de la experiencia, la existencia y la muerte de ese bebé, que no está escrita de antemano. Lo que Szkolnik describe cómo “es un trabajo muy artesanal, un desafío para los terapeutas, que requiere escucha, presencia, respeto, despatologización, validación, simbolización, reorganización. Ofrecer un espacio seguro, respetuoso y de cuidado”.
El duelo perinatal se expresa en cuatro dimensiones, emocional, física, cognitiva y conductual, y reconocerlas ayuda a diferenciar un proceso esperable de uno que necesita apoyo adicional.
En lo emocional aparecen tristeza profunda, sensación persistente de vacío, llanto frecuente, culpa (muchas veces reforzada por mandatos sociales que responsabilizan a la mujer del resultado del embarazo) y enojo dirigido hacia el personal de salud, el entorno o incluso hacia otras personas que atraviesan embarazos exitosos. En lo físico son comunes las alteraciones del sueño, los trastornos del apetito, síntomas somáticos como presión en el pecho y un marcado agotamiento emocional; parte de esta sintomatología también se relaciona con los cambios fisiológicos en el embarazo y el puerperio, especialmente en pérdidas tardías, donde el componente hormonal es más marcado. En lo cognitivo destacan la dificultad de concentración, los recuerdos intrusivos y la negación transitoria. Y en lo conductual, el signo más recurrente es el aislamiento social, aunque también puede darse el efecto contrario: hiperactividad o sobreocupación como forma de evitar el dolor.
Nota: elaboración propia a partir de la entrevista a Irina Szkolnik (comunicación personal, 24 de julio de 2026) y Cortés-Cataldo et al. (2025).
Se habla de duelo complicado cuando los mecanismos de afrontamiento de la persona se ven superados y aparecen signos de un trastorno clínico que requiere evaluación diagnóstica formal. Los cuadros psiquiátricos más frecuentes tras un duelo perinatal son la depresión mayor, el trastorno de estrés postraumático y los trastornos de ansiedad; con menor frecuencia puede desencadenarse un cuadro más agudo, como la psicosis posparto (Dolan et al., 2022).
Un dato para tener presente en consulta: cuando el aislamiento y la evitación se intensifican sin una contención y acompañamiento adecuados, algunas personas pueden recurrir a conductas de riesgo o consumo problemático para manejar el dolor. Por eso, evaluar el estado general de la salud mental de la persona es parte de una buena intervención clínica, y en casos de duda diagnóstica se recomienda la interconsulta con psiquiatría perinatal. La atención oportuna permite prevenir, evaluar factores de riesgo y cuidar el proceso.
Sí existen instrumentos estandarizados para evaluar el duelo perinatal, y el más investigado y utilizado en la práctica clínica y académica es la Escala de Duelo Perinatal (Perinatal Grief Scale, PGS), aunque funciona como un complemento del proceso de evaluación clínica, acompañamiento, nunca como su reemplazo.
La PGS es un cuestionario de 33 ítems con formato de respuesta tipo Likert de cinco puntos (desde “totalmente de acuerdo” hasta “totalmente en desacuerdo”), organizado en tres subescalas:
Los puntajes sumatorios ayudan a diferenciar entre un duelo esperable y uno con riesgo de complicarse. Como puntualizó Szkolnik, la escala “cuenta con adaptaciones y validaciones al castellano” y se usa tanto en la práctica asistencial como en investigación académica.
Además de la PGS, en la práctica clínica se utilizan otros instrumentos según la formación de cada profesional: el Inventario de Duelo Complicado, la Escala de Insomnio de Atenas, la Escala de Vínculo Continuo o la Escala de Ansiedad y Depresión de Goldberg, entre otras, aplicadas de forma combinada según el caso (Tejero Vidal & Barea Millán, 2023). La propia Szkolnik es clara respecto a sus límites:
“El uso de herramientas psicométricas es un complemento, pueden evaluar potenciales riesgo en salud mental para lograr personalizar el tratamiento, pero no es lo único que define, una entrevista clínica especializada en el área es fundamental. No son instrumentos de diagnóstico; su valor está en integrarse a un proceso de escucha, abordaje y acompañamiento integral, más amplio, no en reemplazarlo”.
La intervención en duelo perinatal comienza por validar la pérdida, no por aliviarla, y avanza, con el tiempo, hacia la integración de esa experiencia en la historia de vida de la familia.
El abordaje psicoterapéutico del duelo perinatal se organiza, en términos generales, alrededor de cuatro objetivos:
Szkolnik lo resume así:
“No se trata de que esta familia se olvide de lo que pasó, ni de dejar de sentir tristeza, el procesamiento del duelo tiene más que ver con acompañar a integrar esa existencia y esa pérdida al trayecto de vida. Incluir la memoria de un hijo como parte de una historia y de una identidad”. Que el recuerdo coexista con una vida plena, con sentido. Encontrar un lugar seguro y permanente para ese bebé. Que la tristeza no lo invada todo, que sea respetuosa y regulable.
No hay una única técnica “correcta”, pero sí una necesidad de formación específica: cada terapeuta perinatal recurre a las herramientas de su propia formación al momento de diseñar una terapia para el duelo perinatal ajustada a cada familia. Aun así, hay enfoques que se repiten con frecuencia en la práctica clínica:
La atención del duelo perinatal no empieza ni termina en la consulta psicológica: es responsabilidad de todo el equipo de salud, y su visibilización como un ámbito propio del cuidado es una tendencia que gana terreno en la literatura reciente (Pastor-Montero, 2022). Según Szkolnik, la comunicación empática es una de las competencias clínicas más determinantes: transmitir información clara, honesta y humana, sosteniendo el impacto y las respuestas emocionales que acontecen ante lo traumático. Ofrecer un espacio seguro de cuidado y respeto. Llamar al bebé por su nombre si los padres lo han elegido, explicar los procedimientos con lenguaje accesible, evitar frases tranquilizadoras que invalidan el dolor, brindar tiempo real para la despedida y toma de decisiones. Ofrecer cercanía, presencia y lenguaje no verbal de contención y sostén.
Así lo destacó la especialista: “las familias suelen recordar más cómo fueron tratadas durante el proceso que los detalles médicos”.
Esa frase, por sí sola, resume por qué el trabajo interdisciplinario entre médicos, matronas, enfermería, psicología y psiquiatría perinatal trabajando coordinados es tan importante como cualquier técnica específica.
Sí, construir un ritual de despedida ayuda al proceso de duelo, porque materializa una pérdida que muchas veces resulta invisible o irreconocible para el entorno, lo que en la literatura se conoce como duelo desautorizado. Szkolnik agrega, que esta situación suele aumentar el riesgo de desarrollar duelos patológicos. Y que la implementación de políticas públicas que regulen la atención, garanticen los derechos y organicen una corresponsabilidad de cada actor social, podría ser clave como estrategia de cuidado, prevención y promoción de la salud.
No existe una fórmula única ni obligatoria: cada ritual debe ser elegido libremente por la familia, nunca apresurado, presionado ni impuesto. Algunas prácticas frecuentes, dentro y fuera del entorno hospitalario, incluyen:
El duelo perinatal no es igual para todos los integrantes de la familia. Los padres, por ejemplo, también atraviesan un duelo propio, aunque muchas veces lo hacen en silencio por mandatos culturales de fortaleza y contención (Mota et al., 2023). Reconocer esa diferencia, entre otras cosas, junto con marcos legales que respalden una atención respetuosa de estos procesos, forma parte de una intervención con perspectiva de género y derechos.
El duelo perinatal no se mide en semanas de gestación, sino en el vínculo afectivo y el sentido histórico que una familia alcanzó a construir con un embarazo o un bebé. Como profesional, acompañarlo de manera idónea implica soltar la idea de un proceso lineal, usar las escalas de evaluación como apoyo y no como diagnóstico, y priorizar siempre la validación y el respeto por sobre la prisa de “resolver” el dolor. Reconstruir identidades, dar lugar y existencia a la pérdida, respetar tiempos, sostener el dolor. Integrar y no olvidar. Ningún ritual, técnica o escala reemplaza lo que Szkolnik describió como el corazón del acompañamiento: sostener, con presencia real, lo que cada familia necesita sostener.
Antes de cerrar una sesión o diseñar un plan de acompañamiento, este checklist resume los puntos clave revisados en este artículo:
No tiene una duración fija: depende del vínculo construido con el bebé, tipo de pérdida, la red de apoyo, antecedentes, las estrategias de afrontamiento de cada persona y el acompañamiento recibido. Lo esperable es que su intensidad, el dolor agudo y desorganizado disminuya con el tiempo, sin desaparecer por completo. El tiempo no borra la pérdida sino que te va guiando a vivir con ella. Cuando transcurren entre 6-12 meses y se mantiene igual de agudo, interfiriendo con la vida diaria y la funcionalidad, es necesario evaluar interdisciplinariamente un posible duelo complicado.
El duelo no se mide por reloj sino por hitos adaptativos. Aun así, la temporalidad puede medirse desde una perspectiva médica para atender oportunamente signos de un duelo patológico. Los manuales clínicos de psiquiatría (DSM- 5- TR o CIE 11) establecen un tiempo para diferenciar un duelo normal de uno prolongado.
Sí. Considerando que son personas diferentes, con historias de vida, recursos y redes distintas. Aunque ambos atraviesan una pérdida real, los padres suelen vivir su duelo de forma más silenciosa, condicionados por mandatos sociales de fortaleza y por la percepción de que la atención debe centrarse en la madre (Mota et al., 2023). Validar también su dolor es parte de una intervención con perspectiva de género.
El duelo perinatal es una respuesta adaptativa normal ante una pérdida real. La depresión posparto es un trastorno del estado de ánimo, una patología específica que requiere de un tratamiento específico. Este último, puede ocurrir tras cualquier nacimiento, sin que medie una muerte o duelo. Pueden ocurrir en un mismo periodo temporal y compartir algunos síntomas. Pero la evaluación diferencial es clave, sobre todo cuando los síntomas depresivos persisten o se intensifican con el tiempo e incluso si ambos procesos se solapan como en el caso de que la depresión posparto se desencadene por una pérdida perinatal.
Sí, con un lenguaje adaptado a la edad del niño o niña, evitando eufemismos que puedan confundir (como “se durmió” o “se fue de viaje”). Ocultar la verdad o el silencio no protege a los niños, por el contrario puede provocar ansiedad, desamparo, desconfianza. Ellos perciben los cambios de ambiente o emocionales, lo que ya no está (el embarazo, la cuna, un bebé). Si no se les explica lo que pasa, puede rellenar con imaginación, llegando a conclusiones distorsionadas o confusas que resultan más desadaptativas y ansiógenas para ellos. No esconder emociones, hacerlos parte de los recuerdos, respetar el tiempo de su proceso es fundamental.
El duelo, como recordó Szkolnik, “no es individual, es social”: hermanos, tíos y abuelos también atraviesan su propio proceso y necesitan un espacio para nombrarlo.
Más allá de la formación clínica general, se recomienda capacitación específica en psicología perinatal y duelo, además de trabajo articulado con psiquiatría perinatal para los casos que requieran e incluso espacios de covisión o supervisión clínica. Cuidar la propia salud mental como profesional que acompaña procesos de pérdida también es parte ineludible de esta formación.
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Leer másConfirmo que he leído la información sobre este programa, disponible en el brochure y en el sitio web. Declaro cumplir con los requisitos para cursar este diplomado y me comprometo a enviar mi certificado de título, así como a firmar la carta de compromiso solicitada

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