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Duelo Perinatal: Guía para Intervenir desde psicología

El duelo perinatal es un área de creciente atención dentro de la psicología clínica, pero sigue siendo poco visibilizada frente a otros tipos de duelo. Para los profesionales de salud mental que trabajan en contextos de salud reproductiva, ginecología o neonatología, contar con criterios claros para reconocerlo, evaluarlo e intervenir es cada vez más relevante en la práctica.

📌
Resumen
Puntos clave
  • El duelo perinatal ocurre en etapas avanzadas del embarazo, el parto o los primeros días de vida; el gestacional, en etapas más tempranas.
  • No avanza en línea recta: no siguen una secuencia específica, son únicos y singulares, las fases pueden repetirse o saltarse. Se avanza y se retrocede según el proceso de cada familia.
  • La Escala de Duelo Perinatal (PGS) es la más usada, pero es sólo una herramienta complementaria que mide intensidad de síntomas, no es diagnóstica.
  • La intervención prioriza validar la pérdida antes que aliviarla, se requiere el apoyo de un enfoque terapéutico específico y especializado.
  • Cómo trata y acompaña el equipo de salud a la familia pesa tanto como los detalles médicos.

Contenido

  1. ¿Qué es el duelo perinatal?
  2. Fases del duelo perinatal
  3. Manifestaciones y síntomas en el duelo perinatal
  4. Escala de duelo perinatal: herramientas de evaluación clínica
  5. Cómo intervenir en el duelo perinatal: enfoque clínico
  6. Rituales de despedida y vínculo con el bebé
  7. Conclusión
  8. Checklist final para la intervención en duelo perinatal
  9. Preguntas frecuentes sobre el duelo perinatal
Duelo Perinatal: Guía para Intervenir desde psicología

Cuando un embarazo se interrumpe o un bebé muere antes, durante o después del parto, ocurre algo que la sociedad todavía no sabe nombrar: en ciertos estándares socioculturales, es aún una pérdida que desafía el orden natural de la vida y carece de reconocimiento. Es algo que incomoda, que tiende a minimizarse, un dolor que se intenta evitar. Pero sí hay un vínculo afectivo real, un proyecto, una ilusión y una historia que se rompen de forma abrupta, que se pierden. Y eso también necesita ser duelado. Identificarlo, conocerlo, es indispensable para cualquier psicólogo que trabaje en salud mental perinatal, reproductiva, ginecología, neonatología o consulta general. En este artículo revisamos qué dice la evidencia actual sobre el tema, para su desarrollo, se entrevistó a la psicóloga Irina Szkolnik, especialista en reproducción asistida y psicología perinatal, con amplia experiencia clínica y académica en el acompañamiento de familias que atraviesan pérdidas reproductivas.

¿Qué es el duelo perinatal?

El duelo perinatal es la respuesta emocional, física, cognitiva y conductual que experimentan las personas y su entorno ante la muerte de un bebé durante etapas avanzadas del embarazo, el parto o los primeros días de vida. No se trata de una reacción desmedida ni de un problema que haya que “superar rápido”: es un proceso de readaptación e integración frente a una pérdida significativa, tan válido como cualquier otro duelo, según coinciden la literatura clínica y quienes trabajan a diario con estas familias (Cortés-Cataldo et al., 2025). En palabras de la psicóloga Szkolnik:

“No importa cuándo ocurre la pérdida, en qué etapa del embarazo, sino el vínculo que esas madres, padres o entorno afectivo hayan construido con ese bebé, y el significado que tenga para esa familia. El dolor emocional y la intensidad del duelo no se miden por las semanas de gestación sino por el valor y el espacio afectivo que el bebé ya ocupaba en la vida de ellos.”

Duelo gestacional y perinatal: ¿son lo mismo?

No, aunque suelen confundirse. El duelo gestacional ocurre al inicio o durante las primeras semanas y meses del embarazo, frecuentemente por un aborto espontáneo o temprano, muchas veces antes de que los futuros padres hayan visto una ecografía o escuchado los primeros latidos. El duelo perinatal, en cambio, sucede en la etapa final del embarazo, durante el parto o en los primeros días de vida del recién nacido. Así lo explicó la entrevistada:

“No son lo mismo desde el punto de vista médico o clínico. En la práctica psicológica, social se suelen utilizar juntos ya que comparten algunas respuestas emocionales y abordajes terapéuticos. Lo que cambia principalmente ahí sería el momento donde ocurre la interrupción del embarazo, la muerte fetal intrauterina, intraparto o neonatal”.

Aunque también aclaró y remarcó que esa diferencia conceptual no implica una diferencia respecto a la legitimidad del duelo.

“Las sociedades tienden a jerarquizar este tipo de dolor basándose en la visibilidad, el tiempo, los recuerdos, la sustitución. Es importante hablar de esto, ya que estas miradas pueden implicar la represión, interrupción o detención del proceso de duelo, volviendolo una experiencia disfuncional o incluso un riesgo para la salud mental”

¿Cuándo se considera duelo perinatal?

Clínicamente, se habla de duelo perinatal cuando la muerte del bebé ocurre entre las semanas más avanzadas de la gestación, habitualmente desde la semana 20-28, según el criterio de cada país y los primeros 28 días de vida, lo que incluye la muerte fetal tardía y la muerte neonatal (Tejero Vidal & Barea Millán, 2023). Este marco temporal es útil para la práctica clínica, pero, como advierte Szkolnik, no debería usarse para jerarquizar qué duelos “cuentan” más que otros.

Fases del duelo perinatal

El duelo perinatal puede atravesar algunas de las fases clásicas descritas por la literatura general sobre el duelo, pero no lo hace de forma lineal ni predecible. Tiene su estructura particular. Una familia puede pasar semanas en shock, estado de desorganización, saltar directo a la negociación y volver al enojo meses después, sin ningún orden aparente.

¿Cuáles son las 4 fases del duelo? (el modelo clásico)

El modelo clásico, descrito originalmente por John Bowlby y Colin Murray Parkes para el duelo en general, identifica cuatro fases:

  1. Shock y embotamiento: incredulidad, negación inicial y una especie de anestesia emocional frente a la noticia.
  2. Anhelo y búsqueda: protesta, enojo y una necesidad casi física de recuperar lo perdido.
  3. Desorganización y desesperanza: apatía, tristeza profunda y dificultad para proyectar un futuro.
  4. Reorganización: se retoman actividades cotidianas y se reconstruye una identidad que integra la pérdida.

Un modelo específico para el duelo perinatal: la propuesta de Worden

Más allá del modelo clásico, buena parte de los especialistas en psicología perinatal prefiere trabajar con el modelo de tareas de J. William Worden o con adaptaciones pensadas específicamente para el trauma perinatal, que permiten reconocer con más precisión las particularidades de este tipo de pérdida:

  1. El choque inicial y la desorganización (el impacto): ocurre en el hospital o al recibir la noticia en la ecografía. Aparecen una sensación de irrealidad, anestesia emocional, shock o gritos; el mundo se detiene. En el duelo perinatal, este momento se cruza con la vulnerabilidad física del posparto inmediato o con intervenciones médicas como el legrado o la inducción al parto.
  2. La añoranza y la búsqueda (la caída en la realidad): semanas después, cuando el entorno retoma su rutina y la familia queda más sola, aparece una necesidad desesperada de buscar respuestas (“¿por qué a mí?”), rumiación y llanto desconsolado. El deseo físico de tener al bebé se intensifica, y estímulos cotidianos como ver cochecitos o personas embarazadas pueden actuar como disparadores de un dolor intenso.
  3. La desorientación y el vacío (el invierno del duelo): meses después de la pérdida puede aparecer un cansancio extremo, la sensación de que el dolor nunca se va a ir y aislamiento social por miedo a no ser comprendidos. Suele coincidir con fechas críticas, como la que habría sido la fecha probable de parto, o con etapas en las que el bebé “debería” estar gateando o creciendo.
  4. La reorganización y la integración (la transformación): no significa “olvidar”, sino aprender a vivir con la ausencia. Se recupera la energía vital y se puede hablar del bebé con tristeza, pero sin la angustia desgarradora del comienzo. El bebé encuentra su lugar legítimo en la historia familiar, y se abre la posibilidad de pensar en el futuro -incluyendo o no nuevos embarazos- sin que esté tapado por el miedo absoluto.

Particularidades de las fases del duelo perinatal

Lo importante en consulta no es memorizar el orden de estas fases, sino abandonar la expectativa de que existe un orden. Como explicó Szkolnik, “la elaboración del duelo no es un camino lineal, no es paso uno, paso dos, paso tres, seguir una secuencia y listo”; se trata de procesos “dinámicos, singulares e irrepetibles”, donde algunas etapas no aparecen nunca y otras se repiten varias veces.

Esto tiene una consecuencia práctica directa: el rol del psicólogo no es guiar a la familia hacia “la siguiente fase”, sino ir construyendo junto con ella un proceso propio, una narrativa personal de integración de la experiencia, la existencia y la muerte de ese bebé, que no está escrita de antemano. Lo que Szkolnik describe cómo “es un trabajo muy artesanal, un desafío para los terapeutas, que requiere escucha, presencia, respeto, despatologización, validación, simbolización, reorganización. Ofrecer un espacio seguro, respetuoso y de cuidado”.

Manifestaciones y síntomas en el duelo perinatal

El duelo perinatal se expresa en cuatro dimensiones, emocional, física, cognitiva y conductual, y reconocerlas ayuda a diferenciar un proceso esperable de uno que necesita apoyo adicional.

En lo emocional aparecen tristeza profunda, sensación persistente de vacío, llanto frecuente, culpa (muchas veces reforzada por mandatos sociales que responsabilizan a la mujer del resultado del embarazo) y enojo dirigido hacia el personal de salud, el entorno o incluso hacia otras personas que atraviesan embarazos exitosos. En lo físico son comunes las alteraciones del sueño, los trastornos del apetito, síntomas somáticos como presión en el pecho y un marcado agotamiento emocional; parte de esta sintomatología también se relaciona con los cambios fisiológicos en el embarazo y el puerperio, especialmente en pérdidas tardías, donde el componente hormonal es más marcado. En lo cognitivo destacan la dificultad de concentración, los recuerdos intrusivos y la negación transitoria. Y en lo conductual, el signo más recurrente es el aislamiento social, aunque también puede darse el efecto contrario: hiperactividad o sobreocupación como forma de evitar el dolor.

Dimensión Manifestaciones más frecuentes
Emocional Tristeza profunda, vacío persistente, culpa, enojo
Física Insomnio, cambios de apetito, fatiga, opresión en el pecho
Cognitiva Dificultad de concentración, recuerdos intrusivos, negación
Conductual Aislamiento social, evitación, o hiperactividad compensatoria

Nota: elaboración propia a partir de la entrevista a Irina Szkolnik (comunicación personal, 24 de julio de 2026) y Cortés-Cataldo et al. (2025).

Señales de alerta: cuándo hablamos de duelo complicado

Se habla de duelo complicado cuando los mecanismos de afrontamiento de la persona se ven superados y aparecen signos de un trastorno clínico que requiere evaluación diagnóstica formal. Los cuadros psiquiátricos más frecuentes tras un duelo perinatal son la depresión mayor, el trastorno de estrés postraumático y los trastornos de ansiedad; con menor frecuencia puede desencadenarse un cuadro más agudo, como la psicosis posparto (Dolan et al., 2022).

Un dato para tener presente en consulta: cuando el aislamiento y la evitación se intensifican sin una contención y acompañamiento adecuados, algunas personas pueden recurrir a conductas de riesgo o consumo problemático para manejar el dolor. Por eso, evaluar el estado general de la salud mental de la persona es parte de una buena intervención clínica, y en casos de duda diagnóstica se recomienda la interconsulta con psiquiatría perinatal. La atención oportuna permite prevenir, evaluar factores de riesgo y cuidar el proceso.

Escala de duelo perinatal: herramientas de evaluación clínica

Sí existen instrumentos estandarizados para evaluar el duelo perinatal, y el más investigado y utilizado en la práctica clínica y académica es la Escala de Duelo Perinatal (Perinatal Grief Scale, PGS), aunque funciona como un complemento del proceso de evaluación clínica, acompañamiento, nunca como su reemplazo.

Escala de Duelo Perinatal (PGS): qué mide y cómo se aplica

La PGS es un cuestionario de 33 ítems con formato de respuesta tipo Likert de cinco puntos (desde “totalmente de acuerdo” hasta “totalmente en desacuerdo”), organizado en tres subescalas:

  • Duelo activo: mide reacciones emocionales inmediatas, como tristeza, llanto y sensación de vacío.
  • Dificultad para afrontar la pérdida: evalúa la interferencia en la vida diaria, el aislamiento social y la percepción de falta de apoyo.
  • Desesperanza: identifica síntomas más profundos y de riesgo psicopatológico, como el desamparo, la culpa persistente o el miedo al futuro.

Los puntajes sumatorios ayudan a diferenciar entre un duelo esperable y uno con riesgo de complicarse. Como puntualizó Szkolnik, la escala “cuenta con adaptaciones y validaciones al castellano” y se usa tanto en la práctica asistencial como en investigación académica.

Otras escalas y cuestionarios complementarios (PGIS, Inventario de Duelo Complicado)

Además de la PGS, en la práctica clínica se utilizan otros instrumentos según la formación de cada profesional: el Inventario de Duelo Complicado, la Escala de Insomnio de Atenas, la Escala de Vínculo Continuo o la Escala de Ansiedad y Depresión de Goldberg, entre otras, aplicadas de forma combinada según el caso (Tejero Vidal & Barea Millán, 2023). La propia Szkolnik es clara respecto a sus límites:

“El uso de herramientas psicométricas es un complemento, pueden evaluar potenciales riesgo en salud mental para lograr personalizar el tratamiento, pero no es lo único que define, una entrevista clínica especializada en el área es fundamental. No son instrumentos de diagnóstico; su valor está en integrarse a un proceso de escucha, abordaje y acompañamiento integral, más amplio, no en reemplazarlo”.

Cómo intervenir en el duelo perinatal: enfoque clínico

La intervención en duelo perinatal comienza por validar la pérdida, no por aliviarla, y avanza, con el tiempo, hacia la integración de esa experiencia en la historia de vida de la familia.

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Objetivos de la intervención psicológica

El abordaje psicoterapéutico del duelo perinatal se organiza, en términos generales, alrededor de cuatro objetivos:

  1. Validar la pérdida: reconocer la existencia y el valor afectivo que tuvo ese embarazo o ese bebé para la familia, sin apurar el proceso. Legitimar el dolor.
  2. Procesar el trauma: reconstruir la historia gestacional y los factores asociados a la pérdida (momento, causas, intervenciones médicas). Abordar secuelas de un parto, legrado o interrupción. Acompañar el posparto físico.
  3. Integrar la experiencia-simbolización- identidad: favorecer que la pérdida se incorpore al trayecto vital de la familia, sin buscar el “olvido”, “superarla” ni “sustituirla”. Hacer visible, dar existencia, materializar, ritualizar. Un hijo, unos padres con lugar genealógico.
  4. Reorganización vital – refuncionalización- Acompañar decisiones futuras: si la familia busca un nuevo embarazo, trabajar para que ese hijo ocupe un lugar propio y no uno sustitutivo.

Szkolnik lo resume así:

“No se trata de que esta familia se olvide de lo que pasó, ni de dejar de sentir tristeza, el procesamiento del duelo tiene más que ver con acompañar a integrar esa existencia y esa pérdida al trayecto de vida. Incluir la memoria de un hijo como parte de una historia y de una identidad”. Que el recuerdo coexista con una vida plena, con sentido. Encontrar un lugar seguro y permanente para ese bebé. Que la tristeza no lo invada todo, que sea respetuosa y regulable.

Técnicas y enfoques recomendados (validación emocional, reestructuración cognitiva, terapia sistémica breve)

No hay una única técnica “correcta”, pero sí una necesidad de formación específica: cada terapeuta perinatal recurre a las herramientas de su propia formación al momento de diseñar una terapia para el duelo perinatal ajustada a cada familia. Aun así, hay enfoques que se repiten con frecuencia en la práctica clínica:

  • Validación emocional: sostener el espacio con presencia, respeto y cuidado, incluso en momentos de silencio, sin apresurarse en interpretaciones, frases simplistas o que puedan minimizar el dolor. No imponer ritmos, forzar técnicas ni rituales de despedida.
  • Terapia cognitivo conductual: especialmente útil para trabajar pensamientos intrusivos, culpa desproporcionada y síntomas de ansiedad asociados al duelo complicado; la evidencia muestra reducciones significativas en la intensidad del duelo, la depresión y el estrés postraumático (Dolan et al., 2022).
  • Terapia sistémica breve: trabaja la integración del duelo en la pareja o el grupo familiar, sobre todo cuando ya hay otros hijos o cuando el duelo de cada integrante se expresa de forma distinta.
  • Técnicas basadas en trauma, como EMDR, para procesar recuerdos intrusivos, imágenes y sensaciones vinculados al momento de la pérdida, cuando resultan en un evento altamente traumático.
  • Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT): No busca eliminar el dolor de la pérdida, sino enseñar a darle un espacio respetuoso, mientras continúa realizando acciones alineadas con sus valores vitales (familia, autocuidado, proyectos).
  • Narrativas terapéuticas: ir nombrando la experiencia de a poco, externalizar el dolor, integrar información, sentidos, valores, para ayudar a organizar cognitivamente el impacto de la pérdida.
  • Técnicas corporales y de regulación: atención plena, mindfulness y compasión, técnicas de respiración y enraizamiento.

El rol del equipo de salud y el acompañamiento hospitalario

La atención del duelo perinatal no empieza ni termina en la consulta psicológica: es responsabilidad de todo el equipo de salud, y su visibilización como un ámbito propio del cuidado es una tendencia que gana terreno en la literatura reciente (Pastor-Montero, 2022). Según Szkolnik, la comunicación empática es una de las competencias clínicas más determinantes: transmitir información clara, honesta y humana, sosteniendo el impacto y las respuestas emocionales que acontecen ante lo traumático. Ofrecer un espacio seguro de cuidado y respeto. Llamar al bebé por su nombre si los padres lo han elegido, explicar los procedimientos con lenguaje accesible, evitar frases tranquilizadoras que invalidan el dolor, brindar tiempo real para la despedida y toma de decisiones. Ofrecer cercanía, presencia y lenguaje no verbal de contención y sostén.

Así lo destacó la especialista: “las familias suelen recordar más cómo fueron tratadas durante el proceso que los detalles médicos”.

Esa frase, por sí sola, resume por qué el trabajo interdisciplinario entre médicos, matronas, enfermería, psicología y psiquiatría perinatal trabajando coordinados es tan importante como cualquier técnica específica.

Rituales de despedida y vínculo con el bebé

Sí, construir un ritual de despedida ayuda al proceso de duelo, porque materializa una pérdida que muchas veces resulta invisible o irreconocible para el entorno, lo que en la literatura se conoce como duelo desautorizado. Szkolnik agrega, que esta situación suele aumentar el riesgo de desarrollar duelos patológicos. Y que la implementación de políticas públicas que regulen la atención, garanticen los derechos y organicen una corresponsabilidad de cada actor social, podría ser clave como estrategia de cuidado, prevención y promoción de la salud.

¿Cómo despedirse de un bebé no nacido?

No existe una fórmula única ni obligatoria: cada ritual debe ser elegido libremente por la familia, nunca apresurado, presionado ni impuesto. Algunas prácticas frecuentes, dentro y fuera del entorno hospitalario, incluyen:

  • Contacto post mortem: sostener al bebé en brazos, vestirlo o acariciarlo antes de que otros procedimientos se lleven adelante.
  • Caja de recuerdos: guardar la pulsera identificatoria, la pinza del cordón, mantas, huellas de pies o manos, ecografías o fotografías.
  • Fotografía conmemorativa: existen profesionales formados específicamente para este tipo de registro.
  • Rituales simbólicos: liberar globos biodegradables, encender una vela o dejar un rincón del recuerdo en casa.
  • Rituales narrativos: cartas de despedida o diarios del proceso.
  • Grupos de apoyo: compartir la experiencia con otras familias que atravesaron una pérdida similar tiene, según Szkolnik, “un potencial muy grande y un valor emocional, identitario y comunitario”, porque ayuda a salir del aislamiento social, normalizan la experiencia, se validan roles y se visibilizan identidades. Aun así, siempre debe ser un espacio elegido, libre y voluntario.

El duelo perinatal no es igual para todos los integrantes de la familia. Los padres, por ejemplo, también atraviesan un duelo propio, aunque muchas veces lo hacen en silencio por mandatos culturales de fortaleza y contención (Mota et al., 2023). Reconocer esa diferencia, entre otras cosas, junto con marcos legales que respalden una atención respetuosa de estos procesos, forma parte de una intervención con perspectiva de género y derechos.

Conclusión

El duelo perinatal no se mide en semanas de gestación, sino en el vínculo afectivo y el sentido histórico que una familia alcanzó a construir con un embarazo o un bebé. Como profesional, acompañarlo de manera idónea implica soltar la idea de un proceso lineal, usar las escalas de evaluación como apoyo y no como diagnóstico, y priorizar siempre la validación y el respeto por sobre la prisa de “resolver” el dolor. Reconstruir identidades, dar lugar y existencia a la pérdida, respetar tiempos, sostener el dolor. Integrar y no olvidar. Ningún ritual, técnica o escala reemplaza lo que Szkolnik describió como el corazón del acompañamiento: sostener, con presencia real, lo que cada familia necesita sostener.

Checklist final para la intervención en duelo perinatal

Antes de cerrar una sesión o diseñar un plan de acompañamiento, este checklist resume los puntos clave revisados en este artículo:

  • Diferenciar si se trata de un duelo gestacional o perinatal, sin jerarquizar su legitimidad.
  • Reconstruir la historia gestacional y los factores asociados a la pérdida.
  • Priorizar la validación emocional antes que la interpretación, el consejo o sugerencia.
  • Evaluar manifestaciones emocionales, físicas, cognitivas, conductuales y redes de apoyo.
  • Validar o reconstruir identidades.
  • Atender posparto físico.
  • Aplicar una escala complementaria (PGS u otra) solo como apoyo al criterio clínico.
  • Descartar señales de duelo complicado (depresión mayor, TEPT, ansiedad) y derivar a psiquiatría perinatal si corresponde.
  • Ofrecer, sin imponer, la posibilidad de construir rituales de despedida y creación de recuerdos.
  • Armado de una narrativa que integre la existencia y la pérdida de ese embarazo o bebé. Trabajar la integración de la pérdida, no el olvido ni su sustitución, especialmente ante futuros embarazos.
  • Incluir la perspectiva de género: que el duelo no se vea condicionado por mandatos y estereotipos de género, validando y dando lugar al duelo de todas las figuras filiatorias y cuidadoras. Desarmar narrativas de culpa y responsabilidad.
  • Coordinar el acompañamiento con el resto del equipo de salud tratante, garantizando obligaciones, derechos y trato digno.

Preguntas frecuentes sobre el duelo perinatal

¿Cuánto dura un duelo perinatal?

No tiene una duración fija: depende del vínculo construido con el bebé, tipo de pérdida, la red de apoyo, antecedentes, las estrategias de afrontamiento de cada persona y el acompañamiento recibido. Lo esperable es que su intensidad, el dolor agudo y desorganizado disminuya con el tiempo, sin desaparecer por completo. El tiempo no borra la pérdida sino que te va guiando a vivir con ella. Cuando transcurren entre 6-12 meses y se mantiene igual de agudo, interfiriendo con la vida diaria y la funcionalidad, es necesario evaluar interdisciplinariamente un posible duelo complicado.

El duelo no se mide por reloj sino por hitos adaptativos. Aun así, la temporalidad puede medirse desde una perspectiva médica para atender oportunamente signos de un duelo patológico. Los manuales clínicos de psiquiatría (DSM- 5- TR o CIE 11) establecen un tiempo para diferenciar un duelo normal de uno prolongado.

¿El duelo perinatal es diferente en el padre que en la madre?

Sí. Considerando que son personas diferentes, con historias de vida, recursos y redes distintas. Aunque ambos atraviesan una pérdida real, los padres suelen vivir su duelo de forma más silenciosa, condicionados por mandatos sociales de fortaleza y por la percepción de que la atención debe centrarse en la madre (Mota et al., 2023). Validar también su dolor es parte de una intervención con perspectiva de género.

¿Qué diferencia hay entre duelo perinatal y depresión posparto?

El duelo perinatal es una respuesta adaptativa normal ante una pérdida real. La depresión posparto es un trastorno del estado de ánimo, una patología específica que requiere de un tratamiento específico. Este último, puede ocurrir tras cualquier nacimiento, sin que medie una muerte o duelo. Pueden ocurrir en un mismo periodo temporal y compartir algunos síntomas. Pero la evaluación diferencial es clave, sobre todo cuando los síntomas depresivos persisten o se intensifican con el tiempo e incluso si ambos procesos se solapan como en el caso de que la depresión posparto se desencadene por una pérdida perinatal.

¿Se debe hablar del bebé fallecido con los hermanos?

Sí, con un lenguaje adaptado a la edad del niño o niña, evitando eufemismos que puedan confundir (como “se durmió” o “se fue de viaje”). Ocultar la verdad o el silencio no protege a los niños, por el contrario puede provocar ansiedad, desamparo, desconfianza. Ellos perciben los cambios de ambiente o emocionales, lo que ya no está (el embarazo, la cuna, un bebé). Si no se les explica lo que pasa, puede rellenar con imaginación, llegando a conclusiones distorsionadas o confusas que resultan más desadaptativas y ansiógenas para ellos. No esconder emociones, hacerlos parte de los recuerdos, respetar el tiempo de su proceso es fundamental.

El duelo, como recordó Szkolnik, “no es individual, es social”: hermanos, tíos y abuelos también atraviesan su propio proceso y necesitan un espacio para nombrarlo.

¿Qué formación necesita un psicólogo para intervenir en duelo perinatal?

Más allá de la formación clínica general, se recomienda capacitación específica en psicología perinatal y duelo, además de trabajo articulado con psiquiatría perinatal para los casos que requieran e incluso espacios de covisión o supervisión clínica. Cuidar la propia salud mental como profesional que acompaña procesos de pérdida también es parte ineludible de esta formación.

 

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