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¿Qué es el stimming?

El stimming (de “self-stimulatory behavior” o conducta autoestimulatoria) es la realización de movimientos o vocalizaciones repetitivas y a menudo rítmicas que aportan estimulación sensorial, como balancearse, agitar las manos, chasquear los dedos o tararear (Charlton et al., 2021). No es un fenómeno exclusivo del autismo: aunque forma parte de los criterios diagnósticos del trastorno del espectro autista bajo el nombre de “movimientos motores estereotipados o repetitivos”, también se presenta en personas no autistas (Charlton et al., 2021).

Es importante distinguirlo de un simple tic o distracción: el stimming puede ser una acción abiertamente visible (mover un bolígrafo, mecerse), discreta (girar un anillo, morderse la mejilla) o completamente encubierta (repetir mentalmente una melodía), y en todos los casos cumple una función reguladora para quien lo realiza (Tancredi & Abrahamson, 2024).

Contenido

  1. Origen del término
  2. ¿Para qué sirve el stimming?
  3. Tipos de stimming
  4. Stimming en el autismo vs. desarrollo típico
  5. Ejemplos de stimming
  6. ¿Por qué es importante entender el stimming?
  7. Conclusión

Origen del término

El término “stimming” nace como una reapropiación hecha por la propia comunidad autista de la etiqueta clínica “conducta autoestimulatoria”, que durante décadas se usó en un sentido negativo, como una acción que había que eliminar o corregir (Kapp et al., 2019). Frente a las terapias orientadas a suprimir estos movimientos, personas autistas adultas han liderado la resistencia a dichos enfoques, defendiendo el stimming como un mecanismo de afrontamiento legítimo y no como una conducta que deba eliminarse (Kapp et al., 2019).

Este cambio de nombre no es solo cosmético: reflejar el término desde la experiencia de quienes lo viven ha permitido que la investigación reciente incorpore directamente el testimonio de personas autistas adultas, en lugar de basarse únicamente en observaciones de cuidadores durante la infancia (Charlton et al., 2021).

¿Para qué sirve el stimming?

El stimming funciona principalmente como un mecanismo de autorregulación frente a la sobrecarga sensorial, el pensamiento excesivo (“noisy thoughts”) y las emociones intensas, ya sean positivas o negativas (Kapp et al., 2019). Ante un entorno abrumador, la persona recurre a un movimiento predecible y rítmico que le permite bloquear o filtrar parte del estímulo externo y recuperar una sensación de control (Kapp et al., 2019).

Además de esta función reguladora, el stimming cumple una función de expresión emocional y de apoyo a la concentración: ayuda a liberar un exceso de energía o emoción, y a la vez facilita distraerse de estímulos estresantes para poder enfocarse en una tarea (Charlton et al., 2021). Desde una perspectiva más cognitiva, el stimming no sería solo una válvula de escape, sino que podría formar parte del propio proceso de pensar: de forma similar a como gesticular reduce la carga cognitiva al resolver un problema, suprimir el stimming exige un esfuerzo mental que resta recursos a la persona, mientras que permitirlo puede aligerar esa carga (Tancredi & Abrahamson, 2024).

Tipos de stimming

No todos los stims son iguales: la investigación distingue varias formas según el canal sensorial o motor que involucran, aunque una misma persona puede combinar varias de ellas.

Tipo de stimming Ejemplos Función principal
Corporal o motor Balanceo, aleteo de manos, chasquear los dedos, girar sobre sí mismo, flexionar los pies. Regulación sensorial mediante movimiento rítmico del cuerpo (Charlton et al., 2021; Kapp et al., 2019).
Con objeto Girar un fidget spinner, un trozo de plástico, un collar o un anillo. Estimulación táctil focalizada y menos visible socialmente (Charlton et al., 2021).
Vocal Murmurar, gruñir, silbar, cantar, repetir sonidos. Expresión y regulación emocional a través del habla o el sonido (Kapp et al., 2019).
Sensorial (visual, auditivo, encubierto) Mirar patrones de luz, escuchar un sonido de forma repetida, reproducir mentalmente una canción. Estimulación o distracción cognitiva sin necesidad de movimiento visible (Charlton et al., 2021; Tancredi & Abrahamson, 2024).

Cabe señalar que, en un porcentaje menor de casos, aparecen stims con potencial de causar daño físico, como morderse, pellizcarse o tirarse del cabello; en esos casos, la propia literatura distingue entre suprimir formas de stimming que resultan lesivas y respetar aquellas que no afectan a la persona ni a terceros (Charlton et al., 2021; Kapp et al., 2019).

Stimming en el autismo vs. desarrollo típico

El stimming es más frecuente entre personas autistas, pero no es exclusivo de ellas. En un estudio con 340 personas adultas, el 88 % de quienes tenían diagnóstico de autismo y el 85 % de quienes se identificaban como probablemente autistas reportaron practicar stimming, frente a un 28 % de las personas no autistas (Charlton et al., 2021). Además, ante la sobrecarga sensorial, recurrir al stimming fue mucho más habitual entre personas autistas (86-91 %) que entre no autistas (52 %), aunque en ambos grupos la experiencia resultó similar cuando ocurría (Charlton et al., 2021).

Buena parte de la investigación clásica sobre este tema se centró históricamente en el autismo infantil, apoyándose en reportes de madres, padres o cuidadores más que en el testimonio directo de las personas afectadas (Charlton et al., 2021). Este enfoque ha cambiado en los últimos años: los estudios más recientes recogen directamente la perspectiva de adultos autistas, lo que ha permitido documentar, por ejemplo, que muchas personas aprenden a autorregularse con el stimming durante toda su vida y no solo durante la niñez (Kapp et al., 2019).

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Ejemplos de stimming

Un participante autista descrito en una investigación cualitativa explicaba que girar rítmicamente la muñeca le ayudaba a organizar su propio “monólogo interno“, evitando que todos sus pensamientos “llegaran a la vez” (Kapp et al., 2019). Otro participante cerraba los ojos repetidamente durante una entrevista para “cortar estímulos adicionales” y poder concentrarse mejor en la conversación (Kapp et al., 2019).

En un plano más cotidiano y no necesariamente autista, garabatear mientras se escucha algo mejora el recuerdo posterior de la información auditiva, un efecto que ilustra cómo un movimiento aparentemente irrelevante puede sostener, en lugar de entorpecer, un proceso cognitivo (Tancredi & Abrahamson, 2024). Partiendo de esta misma idea, un proyecto educativo experimental invita a niños y niñas a mecerse sobre una tabla de equilibrio sensorizada para generar gráficas matemáticas en tiempo real, convirtiendo el propio movimiento de balanceo en una herramienta para aprender conceptos como la frecuencia o la amplitud (Tancredi & Abrahamson, 2024).

¿Por qué es importante entender el stimming?

Porque suprimir el stimming sin comprender su función tiene costos reales para la persona, mientras que aceptarlo reduce el malestar asociado. Las personas autistas que participan en estudios cualitativos describen sentimientos de enojo, vergüenza y confusión cuando se les pide dejar de hacer stimming, y reportan que sustituirlo por formas “más aceptables” socialmente resulta menos eficaz para regular sus emociones que su forma preferida original (Kapp et al., 2019). De forma consistente, quienes reportan suprimir sus stims también describen mayores dificultades de concentración y un desgaste cognitivo asociado a ese esfuerzo de contención (Charlton et al., 2021).

Comprender el stimming también es clave para el manejo del trastorno del espectro autista en contextos educativos y clínicos: en lugar de tratarlo como una conducta a eliminar, se propone rediseñar los espacios de aprendizaje para ofrecer formas seguras de estimulación, reconocer el stimming como una señal de comunicación no verbal y aprovecharlo como parte del propio proceso de pensar, en vez de combatirlo (Tancredi & Abrahamson, 2024).

Conclusión

El stimming es un mecanismo de autorregulación sensorial y emocional que puede manifestarse de forma corporal, vocal, con objetos o de manera puramente sensorial, y que, aunque es más frecuente en personas autistas, también aparece en población no autista (Charlton et al., 2021; Kapp et al., 2019). Lejos de ser una conducta sin sentido que deba corregirse, la evidencia reciente lo describe como una herramienta legítima de autorregulación e incluso como parte del propio proceso cognitivo (Tancredi & Abrahamson, 2024). Entender esta función es el primer paso para acompañar mejor a las personas autistas, tanto en la infancia como en la vida adulta, en cualquier entorno donde se desenvuelvan.

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