Valentina Garrido
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La memoria sensorial corresponde al primer registro de la información que reciben los sentidos. Su función es conservar los estímulos durante un período muy breve para que puedan ser seleccionados por la atención y continuar su procesamiento.
La memoria sensorial constituye la primera etapa del procesamiento de la información y permite registrar, durante un tiempo muy breve, los estímulos que captan los sentidos. Aunque su duración es de apenas milisegundos o pocos segundos, cumple un papel fundamental en la percepción y en el paso de la información hacia otros sistemas de memoria. Para profundizar en este proceso, entrevistamos a Jaime Olivos, docente y embajador Adipa, especialista en Neurociencias.
La memoria sensorial es la primera etapa del sistema de memoria humano. Consiste en un registro automático y de muy corta duración que conserva la información captada por los órganos sensoriales inmediatamente después de que el estímulo ha dejado de estar presente.
Su principal función es actuar como la puerta de entrada del procesamiento de la información. Durante ese breve intervalo, el cerebro mantiene disponible una representación de los estímulos para determinar cuáles serán atendidos y cuáles desaparecerán sin llegar a un procesamiento consciente.
“La memoria sensorial es la primera y más breve etapa del sistema de memoria humano. Se trata de un registro automático y preatencional que retiene, durante fracciones de segundo, la información captada por los órganos sensoriales justo después de que el estímulo físico ha dejado de estar presente”, explica el docente.
Este concepto forma parte del modelo multialmacén de memoria propuesto por Atkinson y Shiffrin (1968), donde la memoria sensorial precede a la memoria a corto plazo. En la literatura especializada también es frecuente encontrar el término registro sensorial, ya que describe el almacenamiento inicial de la información proveniente de los distintos sistemas sensoriales.
La memoria sensorial se caracteriza por registrar la información de manera automática, mantener una gran cantidad de estímulos durante un tiempo muy breve y actuar como el primer filtro del procesamiento cognitivo.
Entre sus principales características destacan las siguientes:
Estas características permiten que el sistema nervioso procese de forma eficiente la enorme cantidad de información que recibe constantemente, facilitando la selección de los estímulos más relevantes para su procesamiento posterior.
La memoria sensorial se organiza en distintos registros según la modalidad sensorial que procesa. Los principales corresponden a la memoria visual, auditiva y táctil, aunque algunos autores también consideran registros asociados al olfato y al gusto.
La memoria icónica corresponde al registro de la información visual. Su función es conservar durante un breve instante las imágenes captadas por los ojos, incluso después de que el estímulo ha desaparecido.
Este mecanismo permite integrar la información visual de manera continua y favorece procesos como el reconocimiento de objetos, la lectura y el seguimiento del movimiento. Según explica Olivos, la investigación de George Sperling demostró que este registro mantiene una representación casi fotográfica de la información visual durante aproximadamente medio segundo antes de desvanecerse.
La memoria ecoica registra temporalmente los estímulos auditivos. A diferencia de la memoria icónica, su duración suele extenderse entre dos y cuatro segundos, lo que facilita la integración de secuencias sonoras como el lenguaje.
Gracias a este registro es posible comprender una conversación, incluso cuando la atención no se dirige inmediatamente a cada palabra. Esta persistencia permite que el cerebro procese los sonidos como una secuencia continua y no como estímulos aislados.
La memoria háptica almacena de forma transitoria la información relacionada con el tacto, como la presión, la temperatura o la textura de los objetos.
Este registro contribuye a reconocer características del entorno a partir del contacto físico y participa en tareas cotidianas que requieren manipulación de objetos. De acuerdo con el experto, la evidencia sugiere que la memoria táctil involucra distintos subsistemas neurocognitivos, algunos de corta duración y otros con una persistencia ligeramente mayor.
Algunos autores también describen registros sensoriales asociados al olfato y al gusto. Sin embargo, estos han sido menos estudiados que los sistemas visual, auditivo y táctil.
En este sentido, Jaime Olivos señala que “parecen tener una persistencia distinta, más ligada a procesos emocionales y de reconocimiento”, por lo que su funcionamiento difiere del observado en otros registros sensoriales.
La memoria sensorial está presente en numerosas actividades cotidianas, aunque normalmente pasa desapercibida debido a la brevedad con que actúa.
Algunos ejemplos son:
Estos ejemplos muestran que la memoria sensorial facilita la continuidad de la experiencia perceptiva y permite que el cerebro procese la información de manera fluida antes de decidir qué estímulos requieren mayor atención.
El procesamiento de la información comienza cuando un estímulo activa los receptores sensoriales y genera un registro temporal que permanece disponible durante un breve intervalo antes de ser procesado o descartado.
En primer lugar, los órganos de los sentidos captan la información del entorno y la transforman en señales nerviosas. Estas señales llegan a las áreas sensoriales correspondientes del cerebro, donde se forma un registro específico para cada modalidad.
Durante ese breve período, los mecanismos de atención determinan si la información resulta relevante. Cuando esto ocurre, el estímulo es transferido a la memoria de trabajo para continuar su procesamiento. En cambio, si no recibe atención, desaparece rápidamente sin dejar una representación consciente.
Como señala Olivos, este mecanismo permite percibir el entorno como un flujo continuo y no como una sucesión de estímulos independientes, favoreciendo la integración de la información necesaria para la percepción y el aprendizaje.
La memoria sensorial involucra distintas áreas del cerebro que procesan y mantienen temporalmente la información proveniente de cada uno de los sentidos. La participación de estas estructuras depende de la modalidad sensorial involucrada y de los mecanismos de atención que determinan si la información continuará hacia la memoria de trabajo.
Entre las principales estructuras que participan en este proceso se encuentran:
La coordinación entre estas estructuras permite registrar de manera eficiente la información sensorial y favorecer una percepción continua del entorno.
La principal diferencia entre estos sistemas radica en la duración, la capacidad de almacenamiento y la forma en que procesan la información. Mientras la memoria sensorial registra automáticamente los estímulos durante unos pocos segundos, la memoria a corto plazo mantiene la información de manera temporal para su manipulación y la memoria a largo plazo permite conservarla durante períodos prolongados.
Comprender estas diferencias ayuda a explicar cómo el cerebro transforma los estímulos del entorno en recuerdos que pueden mantenerse desde algunos minutos hasta toda la vida.
La memoria sensorial puede estimularse mediante actividades que favorezcan la atención rápida y la discriminación de estímulos provenientes de los distintos sentidos. Este tipo de entrenamiento contribuye a optimizar el procesamiento inicial de la información y puede favorecer el rendimiento cognitivo en diferentes contextos.
Algunas estrategias que pueden utilizarse incluyen:
“Los beneficios incluyen una mayor velocidad de procesamiento de la información, un mejor filtrado de los estímulos relevantes y una transferencia más eficiente hacia la memoria de trabajo”, explica.
Además, el especialista señala que este tipo de estimulación puede ser útil en procesos de rehabilitación de personas con trastornos del procesamiento sensorial, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o secuelas de daño cerebral, así como contribuir a mantener la agudeza perceptiva durante el envejecimiento.
La memoria sensorial constituye el primer sistema de procesamiento de la información y permite registrar de forma transitoria los estímulos provenientes del entorno. Aunque su duración es muy breve, desempeña un papel fundamental al seleccionar la información que continuará hacia la memoria de trabajo y, posteriormente, podrá consolidarse en la memoria a largo plazo. Comprender su funcionamiento permite explicar procesos esenciales relacionados con la percepción, el aprendizaje y el funcionamiento cognitivo.
Sí. Ambos términos suelen utilizarse para describir la primera etapa del sistema de memoria, encargada de registrar de forma transitoria la información captada por los sentidos antes de que sea procesada por otros sistemas de memoria.
Su función no es almacenar información de forma permanente, sino mantener los estímulos disponibles durante un breve intervalo para que el cerebro determine cuáles requieren atención y cuáles pueden descartarse.
No. La memoria sensorial funciona de manera automática y preatencional. Solo después de este registro inicial intervienen los mecanismos de atención que seleccionan la información relevante.
Sí. Aunque su duración es muy breve, permite que la información relevante sea transferida a la memoria de trabajo, un paso necesario para el aprendizaje y la consolidación de nuevos recuerdos.
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