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Hay preguntas que no se responden directamente; se sienten. El test desiderativo funciona bajo esa lógica. Al pedir a alguien que imagine qué le gustaría ser si no pudiera ser persona, abre una ventana al inconsciente que pocas herramientas psicológicas logran con tanta sencillez. Lo que parece una pregunta simple esconde un diagnóstico profundo sobre la identidad, los recursos internos y los conflictos que la persona, quizás ni sabe que carga.
El test desiderativo es una de las técnicas proyectivas más particulares dentro del arsenal de evaluación psicológica; no requiere láminas, no exige dibujar ni interpretar imágenes. Solo pide que la persona imagine. Esa aparente simplicidad es, al mismo tiempo, su mayor fortaleza y el origen de sus debates en la comunidad científica. Mientras algunos cuestionan su falta de estandarización cuantitativa, quienes lo aplican en profundidad reconocen su capacidad para abrir conversaciones que otros instrumentos no logran generar.
Desde el marco psicoanalítico, el test se convierte en una lente para observar el yo, el ello y el superyó en acción simbólica. Cada elección revela algo sobre cómo la persona se percibe a sí misma, qué teme y cómo se defiende frente al mundo. Para el desarrollo de este artículo, se entrevistó al Mg. Ps. Ismael Alfaro, Psicólogo Organizacional y Magíster en Psicología del Trabajo y de las Organizaciones.
El test desiderativo es, en esencia, un cuestionario proyectivo de estimulación verbal. La persona no ve nada, no dibuja nada: solo responde a una pregunta que la invita a salir de su condición humana para reidentificarse simbólicamente. Esa sencillez aparente esconde una exploración psicológica de gran riqueza, especialmente en lo que respecta a los procesos inconscientes de la personalidad.
El cuestionario desiderativo tiene sus raíces en el Test Desiderativo de Pigem y Córdoba, en el que se le pedía al sujeto que imaginara transfigurarse en algo diferente a su condición humana. Posteriormente, Jaime Bernstein, fundador de la editorial Paidós en Argentina, lo reformuló alrededor de 1950-1960, introduciendo cambios sustanciales; suavizó la consigna para reducir el impacto emocional asociado a la idea de muerte, amplió las preguntas a seis (tres positivas y tres negativas) y lo fundamentó teóricamente en el psicoanálisis.
En palabras del especialista Alfaro,
“El Test Desiderativo es un cuestionario proyectivo verbal en el que se le pregunta a la persona qué le gustaría ser y qué no le gustaría ser si no pudiera ser persona, solicitando siempre que fundamente su elección. A partir de esas respuestas y sus justificaciones se exploran aspectos simbólicos de la personalidad, los deseos, temores y defensas del evaluado.”
La versión de Bernstein ancla el test en la teoría psicoanalítica freudiana, entendiendo cada elección o rechazo como un símbolo que debe interpretarse desde tres perspectivas: universal, cultural y personal. Esta triple lectura es lo que lo distingue de otras técnicas: no existe una respuesta universalmente “correcta” o “incorrecta”; el significado emerge del cruce entre la simbología colectiva y la historia singular de quien responde.
Guimaraes-Eboli y Pasian (2020) confirman que la consigna es el único estímulo que se presenta al sujeto, lo que exige al yo un esfuerzo mayor de simbolización que en técnicas con apoyo visual. Esa tensión es justamente la que hace al test proyectivo: al no haber imagen externa que guíe la respuesta, la persona proyecta su mundo interno.
Las técnicas proyectivas comparten el objeto de estudio con el psicoanálisis; el sujeto y su complejidad. Permiten acceder a constructos teóricos, como lo son el inconsciente, los mecanismos de defensa o la imagen del yo, que de otra forma serían intangibles. El test desiderativo pertenece a esta familia porque elude el control consciente del evaluado, al plantear una situación de fantasía, la persona responde desde capas más profundas de su psiquismo.
Así lo afirmó el especialista:
“Permite explorar, desde una lógica proyectiva, la fortaleza del yo, la organización de la personalidad, los mecanismos defensivos y la manera en que la persona vivencia sus relaciones interpersonales, especialmente en un plano simbólico e inconsciente.”
El test no mide una sola variable: es una ventana multidimensional a la personalidad. Aunque su consigna parece simple, las respuestas permiten explorar aspectos que van desde la solidez del yo hasta la forma en que la persona enfrenta el conflicto. A continuación, se detallan las dimensiones más relevantes que evalúa esta técnica proyectiva.
El test desiderativo permite explorar múltiples dimensiones de la personalidad de manera simultánea. De acuerdo con Sneiderman (2012), el cuestionario desiderativo brinda información sobre las fantasías de las relaciones de objeto y, fundamentalmente, los aspectos más y menos valiosos de sí mismo: autoimagen, imagen corporal, identidad, autoestima e identificaciones. El especialista consultado confirma esta amplitud:
“Hablemos de yo, superyó y ello, que finalmente nosotros podríamos acceder a esa información mediante este test: las relaciones interpersonales, mecanismos de defensa, el cómo actuaría en ciertas situaciones laborales, evaluar ciertos conflictos tanto internos como interpersonales”
Las catexias positivas, que son lo que la persona elegiría ser, revelan las defensas que el yo activa frente a la angustia. Las negativas, en cambio, muestran lo que ocurriría si esas defensas fallaran: el territorio del miedo y el conflicto. Sneiderman (2013) ha demostrado que el cuestionario desiderativo es una técnica propicia para detectar pulsiones y defensas, incluso en patologías de mayor complejidad clínica.
Un ejemplo concreto: si alguien elige en la consigna negativa “no quisiera ser un cactus porque estaría solo”, el psicólogo puede inferir un miedo a la soledad o ausencia de red de apoyo que merece exploración adicional.
La elección simbólica habla directamente de cómo la persona se percibe y cómo desearía percibirse. Elegir un perro porque “cuida” o un águila porque “vuela libre” son proyecciones de la autopercepción y los recursos internos disponibles. En el contexto de una evaluación laboral, esto se traduce en información sobre estilo de liderazgo, manejo de la autoridad y capacidad de trabajo en equipo.
Más allá del contenido, el test registra indicadores formales: el tiempo de respuesta, la coherencia entre la elección y su justificación, y la capacidad de simbolización. Una respuesta muy rápida puede indicar evitación ansiosa; una respuesta abstracta o fuera del esquema esperado puede señalar distorsión del juicio de realidad o un pensamiento especialmente creativo.
La aplicación del test desiderativo es uno de sus grandes atractivos, ya que no requiere materiales especiales, puede administrarse de manera individual a niños desde los cinco años, adolescentes y adultos hasta la tercera edad, y toma entre 15 y 30 minutos. Sin embargo, su aparente sencillez puede ser engañosa, dado que la interpretación exige una sólida formación teórica y práctica.
El procedimiento estándar es el siguiente:
Un punto relevante que destaca el Mg. Alfaro es que el test no debería aplicarse como primera herramienta en una evaluación: “No debiera aplicarse como primera ni única herramienta. Su interpretación gana sentido cuando ya existe información previa del evaluado, ya sea desde entrevista, historia clínica/laboral u otros instrumentos. En selección de personal esto es especialmente importante, porque el riesgo de sobreinterpretación es mayor.”. En el contexto clínico, aplicarlo cuando ya existe cierto vínculo terapéutico enriquece notablemente la interpretación.
Además, Guimaraes-Eboli y Pasian (2020) advierten que no debe aplicarse a personas que estén atravesando enfermedades graves o situaciones de duelo reciente, dado que la consigna puede resultar especialmente perturbadora en esos contextos.
La consigna es el corazón del test: es el único estímulo que recibe el evaluado. Su formulación cuidadosa es fundamental para garantizar que la respuesta emerja desde el mundo interno y no desde el deseo de “responder correctamente”. La versión de Bernstein la atenúa en relación a la original, eliminando la referencia explícita a la muerte:
“Si usted no pudiera ser persona, ¿qué es lo que más le gustaría ser?”
Las consignas positivas invitan al evaluado a identificarse simbólicamente con algo del mundo no humano que desearía ser. Se formulan en tres momentos, esperando respuestas en los reinos animal, vegetal e inanimado, aunque el orden no es rígido. El evaluador no sugiere los reinos; si la persona no menciona alguno espontáneamente, puede orientar con suavidad.
Las consignas negativas invierten la lógica: ¿qué no quisiera ser? Estas respuestas son igualmente reveladoras, pues muestran lo que la persona rechaza de sí misma o de su entorno. Un rechazo cargado emocionalmente, como una expresión de “nunca quisiera ser una cucaracha porque es sucia y nadie la quiere”, puede apuntar a una baja autoestima o a una experiencia de exclusión significativa.
El objetivo profundo de ambas consignas es generar una disociación instrumental: el evaluado debe separarse temporalmente de su identidad humana para proyectar, en ese espacio simbólico, sus deseos, miedos y conflictos. Quien logra hacer este ejercicio sin angustia excesiva muestra una fortaleza yoica adecuada; quien no puede o responde de forma muy rígida, ofrece también información diagnóstica relevante.
Las respuestas que emergen sin vacilación, de forma espontánea, suelen ser más reveladoras que las que aparecen tras una larga reflexión. El tiempo de latencia es un indicador formal valioso; según los parámetros clásicos de la técnica, una respuesta en menos de 10 segundos puede indicar impulsividad o evitación, mientras que una demora superior a 30 segundos puede señalar bloqueo o niveles altos de ansiedad frente a la consigna.
Los ejemplos son la mejor forma de entender cómo funciona el test en la práctica. A continuación se presentan respuestas típicas de catexias positivas y negativas, junto con una orientación interpretativa básica. Es fundamental recordar que ninguna respuesta puede interpretarse de forma aislada: siempre debe leerse en el conjunto de las seis respuestas y en el contexto de quien las formula.
Así describió el especialista uno de los ejemplos más ilustrativos:
“Si alguien dice ‘quisiera ser un perro porque cuida’, podríamos explorar una identificación con funciones de protección, lealtad o cuidado hacia otros. Pero si dice ‘porque lo cuidan’, la hipótesis cambia: podría vincularse más con necesidad de afecto, dependencia o búsqueda de contención. Por eso la racionalización es clave.”
Otros ejemplos frecuentes de catexias positivas incluyen:
→ Posible indicador de necesidad de autonomía y visión estratégica.
→ Puede señalar búsqueda de estabilidad, solidez y permanencia.
→ Podría apuntar a una necesidad de ser central, reconocido o de nutrir a los demás.
El Mg. Alfaro ejemplificó el polo negativo así:
“‘Si una persona dice ‘no quisiera ser un cactus porque estaría solo’, una hipótesis posible es que la soledad tenga una carga emocional relevante para ella. Puede indicar temor al aislamiento o necesidad de red de apoyo, pero siempre debe contrastarse con el resto del protocolo y la entrevista.”
→ Puede indicar rechazo de aspectos propios percibidos como dañinos o temor al rechazo social.
→ Posible indicador de sentimientos de invisibilidad o baja autoestima.
La elección del reino animal se espera en primer lugar; es el más cercano al dinamismo vital. El reino vegetal connota arraigo, crecimiento lento, pasividad relativa. El reino inanimado puede indicar mayor distancia emocional o, en algunos casos, dificultades en la simbolización. Cuando la secuencia se altera; por ejemplo, la persona elige primero un objeto, esto no es automáticamente patológico, pero sí amerita exploración adicional.
El principal error es hacer interpretaciones mecánicas: “serpiente = peligrosidad”, “flor = fragilidad”. El Mg. Alfaro fue enfático al respecto:
“El significado tenemos que interpretarlo con la persona que estamos aplicando el test, porque la serpiente puede tener una connotación positiva en México y negativa en Chile o Colombia”.
El símbolo siempre debe leerse a través de la racionalización personal.
La interpretación es el momento más exigente del test y el que más formación requiere. No existe una “clave de corrección” como en los tests psicométricos: la lectura es cualitativa, contextual y siempre hipotética. Lo que el evaluador construye son hipótesis interpretativas que luego deben contrastarse con el resto de la evaluación y la historia del evaluado.
El primer nivel de análisis observa qué eligió la persona en cada catexia y en qué orden. Se analiza la secuencia de los reinos (animal → vegetal → inanimado es la esperada), la valencia simbólica general del símbolo (¿es un ser poderoso o vulnerable?) y las posibles contradicciones entre las catexias positivas y negativas.
La racionalización es, según los expertos, tan o más importante que la elección misma. Dos personas pueden elegir “ser un perro”, pero una puede decir “porque es fiel y querido” y otra “porque me ordenen y ya”. Esa diferencia es diagnóstica y revela el significado personal del símbolo, que puede ser completamente diferente al significado culturalmente esperado.
Se consideran indicadores de adaptación la capacidad de realizar la disociación instrumental (entrar al juego de “si no fuera persona…”), respuestas en los tres reinos, racionalizaciones coherentes y con contenido positivo predominante en las catexias positivas. Los indicadores de conflicto incluyen bloqueos, respuestas muy abstractas (elegir “la justicia” en lugar de un ser concreto), inversión del orden esperado o racionalizaciones contradictorias.
El test desiderativo casi nunca se usa solo. Así lo explicó el entrevistado:
“Estos resultados eventualmente es interesante cotejarlos con otros test y también cotejarlo con qué le pasa a la persona con eso”.
En el contexto organizacional, se cruza con evaluaciones de competencias; en el clínico, con tests de personalidad como el MMPI o el Rorschach. Esta integración es la que transforma datos aislados en un diagnóstico coherente.
Más allá del contenido de las respuestas, el test registra indicadores formales que son igualmente informativos. Estos indicadores hablan de cómo funciona el yo bajo la presión de la consigna, no solo de lo que la persona dice.
El tiempo de respuesta desde que se formula la consigna hasta que aparece la respuesta es uno de los indicadores más rápidos de leer. Menos de 10 segundos puede indicar impulsividad, despreocupación o, en algunos casos, un mecanismo fóbico de evacuación rápida de la angustia. Más de 30 segundos sugiere bloqueo, alta ansiedad o conflicto con la temática evocada por la consigna.
Cuando la elección y la racionalización son coherentes entre sí (“quisiera ser un halcón porque es libre y certero”), el yo está funcionando de forma integrada. La incoherencia puede señalar conflictos identitarios o defensas poco consolidadas.
La capacidad de entrar al juego simbólico del test es un indicador de fortaleza yoica y pensamiento flexible. Quien no puede hacer la disociación instrumental, o quien la hace de forma muy concreta y literal, puede estar mostrando rigidez defensiva o dificultades en el acceso al pensamiento metafórico.
La variedad y originalidad de las respuestas también informa. Respuestas muy estereotipadas (siempre los mismos animales, siempre la misma justificación) pueden indicar pensamiento rígido o empobrecimiento de los recursos simbólicos. Respuestas muy originales, en cambio, pueden señalar creatividad o, en casos extremos, desconexión con el registro compartido de la realidad, lo que requiere exploración adicional.
Como toda herramienta psicológica, el test desiderativo tiene virtudes que lo hacen valioso y limitaciones que es importante reconocer. Conocerlas permite usarlo de forma más honesta y eficaz.
Entre sus principales ventajas se encuentran:
El especialista destacó especialmente esta última virtud:
“Lo que me gusta de estos tests en general es que te permiten mucho la conversación, en el sentido de que ya yo te pregunto qué es lo que te gustaría hacer si no fueras una persona, la persona te responde… y eso te permite ir interactuando más y llevar como más a fondo la conversación e intentar acceder como al inconsciente.”
Las limitaciones del test son igualmente relevantes. El Mg. Alfaro fue directo al respecto:
“Este es un test proyectivo que como el test de la persona bajo la lluvia, muchas veces no se sabe de dónde apareció… no hay un autor claro y esto se transmite de generación en generación, de profesor a profesor.”
A esto se suma que la interpretación es subjetiva y puede variar entre evaluadores, y que el mismo símbolo puede significar cosas distintas según el contexto cultural del evaluado y del evaluador. Por eso, el test es sensible a la sobreinterpretación: el riesgo de proyectar el mundo del psicólogo sobre las respuestas del evaluado.
La crítica más frecuente que enfrenta el test desiderativo es su falta de estandarización cuantitativa. A diferencia de los tests psicométricos, no existen baremos universales ni normas estadísticas que permitan comparar una respuesta individual con una población de referencia. Su validez es, como señala Sneiderman (2013), de tipo cualitativo e interpretativo: su riqueza radica en lo que permite explorar, no en lo que permite medir.
Como concluye el especialista:
“Las críticas que se le hacen al test están justificadas, pero aún así no le quitan la validez interpretativa en el contexto del uno a uno del paciente y el psicólogo, porque ahí está lo rico de esa conversación.”
El test desiderativo no tiene un único dominio de aplicación. Su versatilidad lo ha llevado a utilizarse en campos muy distintos, aunque con matices importantes en cada uno.
En el ámbito clínico es donde el test desiderativo encuentra su hábitat más natural. Aplicado dentro de un proceso psicoterapéutico, permite profundizar en aspectos inconscientes que la conversación directa difícilmente revela. El evaluador puede retomar las respuestas en sesiones posteriores, compararlas con otros instrumentos y construir hipótesis cada vez más refinadas sobre el mundo interno del paciente.
En población infantil y adolescente, el test cobra una dimensión especial. El Mg. Alfaro lo ilustró así:
“En el adolescente pueden aparecer cosas mucho más locas, mucho más etéreas, porque eventualmente hay una personalidad que todavía no está definida.”
Esta “apertura” de la psique en formación hace que las respuestas sean más ricas en contenido proyectivo, pero también exige mayor cautela interpretativa, dado que la personalidad aún está consolidándose.
Sneiderman, Salvay y D’Acunti (2017) han desarrollado investigaciones normativas con el cuestionario desiderativo en versión infantil, demostrando su utilidad para explorar la subjetividad en niños latentes de 7 a 10 años.
En los procesos de psicodiagnóstico formal, el test desiderativo suele integrarse como uno de varios instrumentos. Aporta información sobre la estructura de la personalidad que complementa lo obtenido en entrevistas y otros tests. En este marco, es especialmente útil para explorar posibles trastornos de la personalidad o dificultades adaptativas que no son evidentes en la observación directa.
El test desiderativo se potencia cuando se combina con otras técnicas proyectivas. Junto al Rorschach, ofrece un panorama completo de la percepción y la estructura del yo. Con el HTP, permite cruzar la autopercepción gráfica con la simbólica. Con la Persona Bajo la Lluvia, explora cómo la persona enfrenta el estrés desde diferentes ángulos expresivos.
Aunque el test desiderativo comparte familia con otras técnicas proyectivas, tiene características que lo distinguen claramente. La siguiente tabla sintetiza las diferencias más relevantes:
Ambos exploran la estructura del yo y los mecanismos de defensa, pero desde ángulos distintos. El Rorschach trabaja con la percepción visual, sobre cómo la persona organiza un estímulo ambiguo, mientras que el desiderativo trabaja con la fantasía verbal, cómo la persona se imagina a sí misma más allá de lo humano. El Rorschach es más largo, más complejo de administrar y calificar, y tiene sistemas de puntuación estandarizados (como el Sistema Comprehensivo de Exner). El desiderativo es más ágil y conversacional.
El HTP (House-Tree-Person) explora la autopercepción y los vínculos a través del dibujo, lo que implica una vía expresiva diferente. El desiderativo, al ser puramente verbal, es más accesible para personas con limitaciones motoras o visuales. Ambos coinciden en explorar la imagen de sí mismo y la relación con el entorno, pero el HTP lo hace de forma más concreta y el desiderativo de forma más simbólico-abstracta.
El Test de la Persona Bajo la Lluvia evalúa principalmente el manejo del estrés y los recursos defensivos frente a una situación de presión. El desiderativo, en cambio, no plantea una situación de amenaza externa sino de transformación identitaria. Ambos exploran defensas, pero el desiderativo lo hace desde una perspectiva más amplia e identitaria, mientras que la Persona Bajo la Lluvia focaliza en la respuesta situacional al estrés.
El test desiderativo es una técnica con más de setenta años de historia que sigue siendo relevante en la evaluación psicológica contemporánea, precisamente porque aborda lo que los instrumentos cuantitativos no pueden: el inconsciente en acción, la forma en que una persona se simboliza a sí misma y al mundo. Sus limitaciones son reales y deben conocerse, pero no anulan su valor diagnóstico cuando se usa con criterio y dentro de un proceso evaluativo más amplio.
Lo que hace poderoso al test desiderativo no es una respuesta aislada, sino la conversación que genera. “¿Por qué elegiste ser un perro?” es una pregunta que puede abrir el camino hacia una comprensión profunda de una persona. Eso, en psicología clínica y organizacional, no tiene precio.
El test desiderativo puede aplicarse desde los 5 años hasta la tercera edad. No obstante, en niños muy pequeños la consigna debe adaptarse para asegurar la comprensión de la instrucción. Existen versiones específicas para población infantil que han sido objeto de investigación sistemática en los últimos años.
En condiciones habituales, la aplicación del test desiderativo toma entre 15 y 30 minutos, aunque el tiempo puede extenderse si el evaluado es muy verbal o si el clínico decide profundizar en alguna respuesta durante la misma sesión de aplicación.
El test debe ser administrado e interpretado por psicólogos con formación específica en técnicas proyectivas. Su aplicación puede parecer sencilla, pero la interpretación exige una sólida base teórica psicoanalítica y experiencia clínica. Administrarlo sin esa formación puede llevar a conclusiones erróneas o dañinas para el evaluado.
No es recomendable. El test desiderativo está diseñado para funcionar como herramienta de apoyo dentro de una batería evaluativa más amplia. Sus resultados ganan sentido cuando se contrastan con los de otras técnicas y con la historia del evaluado. Usarlo como único instrumento diagnóstico conlleva riesgos interpretativos significativos.
Las justificaciones, las racionalizaciones del “por qué” son, según los especialistas, tan o más importantes que la elección misma. Es en la racionalización donde se revela el significado personal del símbolo elegido: dos personas pueden elegir “ser un tigre” por razones completamente distintas.
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